Las cloacas eran ellos

1. Cada 23-F recordamos que aquel tridente que formaban Tejero, Armada y Milans del Bosch intentaron dar un golpe de estado militar a España. El asalto al Congreso no duró ni veinticuatro horas e hizo el fin de los cagaelásticos. Pero el ejército y la Guardia Civil había intentado revertir, por la intimidación de las armas, el poco de democracia que empezaba a asomarse a España. Desde 1981 hasta 2026 hemos visto de todos los colores, pero 45 años después, los uniformes, las condecoraciones y las gorras de plato siguen pensando que están por encima del bien y el mal. No les basta con pasear su supremacismo patológico, con una suficiencia ofensiva. Como las estrellas que llevan en la solapa, lucen la superioridad moral anclada en valores caducados, de otro siglo. O de otro régimen que parecen añorar. ¿Los altos cargos policiales, en España, se creen intocables porque han convertido en retórica la vieja pregunta de quién vigila al vigilante?

2. De repente, sin embargo, el director adjunto de la Policía Nacional, José Ángel González, ha tenido que renunciar al cargo tras ser acusado de violación por parte de una agente del cuerpo. Su antecesor como DAO, que es el número dos de la policía pero quien más baraja las cerezas, Eugenio Pino, después de montar la policía patriótica para hundir a Bárcenas, para laminar a Podemos y para cargarse el independentismo echándole mierda, urdiendo tramas y fabricando mentiras, ha sido condenado a un ropero de un prisionero a un órdago pendrive de la familia Pujol. Mientras, Pino está a punto de sentarse en el banquillo de los acusados ​​por la operación Kitchen. Un angelito, junto al entonces ministro Jorge Fernández Díaz. ¿Seguimos? Aún no hace un mes, empezó el recorrido judicial contra Óscar Sánchez, jefe de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal) que fue detenido como uno de los líderes del narcotráfico de la Península. El responsable de la antidroga en España conocía tan bien el tema, lo investigó tanto a fondo, que se involucró en él. Presunción de inocencia también para él, por supuesto, aunque friso para que en el juicio explique cómo tenía veinte millones de euros, en billetes, emparedados en su casa. Y qué decir de Félix Vicente Azón y de María Gámez, dos ex directores de la Guardia Civil que, en febrero, han sido imputados por espionaje a políticos y líderes independentistas a través del software de Pegasus. ¿Hablamos también de Paz Esteban? La directora del CNI —Centro Nacional de Inteligencia— está ahora investigada por cinco delitos por haberse excedido en el espionaje en tiempos del Proceso. El "todo por la patria"se lo quitaron, todos ellos, al pie de la letra e hicieron caso a la máxima de Aznar: "Lo que pueda hacer, que haga".

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3. El panorama de la cúpula policial española está quedando así de galdoso. La expresión de "las cloacas del Estado" no era una metáfora, era una redundancia. El caso de José Ángel González es distinto. La podredumbre humana es peor. Su víctima es una inspectora de la policía que aporta, en la causa, audios de la agresión del día de Sant Jordi y mensajes de coacción para que dejara correr el caso. Que la violación hubiera pasado en un pisito del ministerio del Interior y que se hubiera hecho mal uso de coches oficiales hace que la acusación sea por cuatro delitos: agresión sexual, coacciones, lesiones psíquicas y malversación. La mujer, desde el momento en que huyó mientras González se lavaba las manos en el grifo de la cocina, supo que no podía denunciarlo a asuntos internos. Lo habrían tapado. Dejemos que la justicia haga su camino. Mientras, el PP y el PSOE, en su ping-pong habitual de desgaste sin medida, se echan los platos por la cabeza. Ahora los populares piden la dimisión del ministro Marlaska porque nombró a González. Pero unos y otros no se dan cuenta de que están en manos de un poder policial con un tic peligroso: excederse de sus derechos constitucionales en beneficio propio. Mera cloaca.