Supongo que algún teórico o doctorando de las ciencias de la comunicación debe preparar, o lo hará pronto, un trabajo bien denso sobre el incremento de presencia —y influencia— de la crónica negra en la dieta informativa de nuestros días. Días oscuros, confusos, imprevisibles, atrabiliarios, violentos y todo lo demás. En buena medida, la crónica negra ha sido exonerada por los medios de comunicación digamos convencionales o mainstream de la mala fama que la precedía. Tradicionalmente, la crónica negra era un género que, por sí mismo, constituía casi un sinónimo de sensacionalismo, escasa o nula fiabilidad, cotilleo y bajo nivel intelectual.Ya no es así. Ahora se justifica la crónica negra por su “interés informativo”, y porque se supone que —según algunos— cuando se practica desde la calidad y el rigor la crónica negra “ilumina” aspectos de la realidad que pasan habitualmente desapercibidos a los cronistas de sociedad, de política, de economía o incluso de cultura. Es un argumento importante del supuesto hermano de la crónica negra en literatura, que es la novela negra, a la cual se reconoce un contenido social que a menudo, en efecto, tiene. Ahora bien, quedan siempre pendientes de definir conceptos como calidad o rigor, y se pasa por alto aquello que sí tienen en común el periodismo y la literatura (y el cine, la fotografía y la pintura), que es el punto de vista. Que una crónica periodística, o una novela, tengan “contenido social”, en sí mismo es un hecho que no dice nada: aquello que es determinante es el punto de vista, el enfoque desde el cual se trabaja este contenido social. ¿Qué se quiere explicar con aquel relato, y con qué intención.En cualquier caso, en tiempos de competencia feroz de los medios digamos tradicionales contra los nuevos medios digitales y los pseudomedios del periodismo basura para conseguir la atención del público, la disputada y desorientada y fragmentada atención del público, aturdida y al mismo tiempo hiperestimulada por la lectura en scroll continua y por el bombardeo multipantalla, lo que aporta el género negro es capacidad de atraer público. El cotilleo siempre tiene éxito, el morbo también lo tiene, y la crónica negra aporta estos ingredientes en tanta cantidad como se quiera. Se ha procedido así a levantar la veda de la crónica negra “buena”, de tal manera que ya no queda acotada dentro de unos espacios específicamente dedicados a esta clase de contenidos, sino que se incorpora también a otros programas, o secciones de programas: magazines, tertulias e incluso informativos. Porque ya hemos quedado que la crónica negra tiene interés informativo.Ya no hay que avergonzarse de ello: tiene prestigio y está bien considerada, por burda que aun así siga siendo. Encender la tele o la radio y encontrarse el vídeo de Isak Andic tropezando y cayendo al suelo pocos meses antes de morir, o la grabación de su hijo Jonathan llamando lloroso, en estado de shock, a los servicios de emergencia, es al parecer una cuestión de interés público. O de verdadera vergüenza ajena: depende, como decíamos, del punto de vista.