Con Companys no hay error posible
No es extraño que el mismo partido –Aliança Catalana– que felicita a la AfD alemana con el “¡Ya hemos pasado!” que cantaban los franquistas en 1939 cuando entraron en Madrid haya cometido “el error” de votar a favor del diputado de Vox que insultó la memoria del presidente Lluís Companys tildándolo de asesino. Porque si eres catalán y demócrata, con Companys no te puedes equivocar de ninguna manera.
Fue Companys quien fue asesinado, y no al revés. El añorado Joan B. Culla escribió que Companys no fue un icono inmaculado y que cargó con las dudas y las contradicciones propias de una guerra, pero que no solo no ordenó ni amparó las ejecuciones perpetradas en la retaguardia republicana, sino que salvó a tantas personas perseguidas como pudo, facilitándoles la huida. Después, capturado y torturado, fue sentenciado a muerte por el régimen de Franco, amigo de Hitler y Mussolini. Fusilar al presidente de Cataluña era la manera simbólica de fusilar al país. Noventa años después, afirmar, en sede parlamentaria, que Companys fue un asesino es aprovecharse de la libertad de expresión de la democracia para retratarse como un fascista.
El problema de la extrema derecha catalana es que, para homologarse internacionalmente con la tendencia autoritaria y oscura que sube por Europa —como por ejemplo con la AfD—, tiene que situarse fuera de la tradición central del catalanismo, es decir, la democracia liberal y el antifascismo, y abrazar técnicas de comunicación que incluyen, entre otros, salir en masa a ridiculizar al enemigo.