La competencia desleal de los padres

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Móviles.sí, móviles.no
27/10/2026 - 20:00 h
Periodista

Ha vuelto el debate sobre el deber del control de los padres de las redes sociales por donde se mueven los hijos.

Tarea complicada, porque las redes son el competidor más desleal posible en la tarea de educar: transgresor, adictivo, empoderador, prescriptor de moda, fijador de normatividad en general, vehículo de conciencia generacional, e infinitamente más divertido que la familia y la escuela.

Quien ha tenido hijos antes y después del smartphone lo sabe: la educación de los padres ha sido parcialmente sustituida por la de las redes. Y encima, los mayores también hemos sucumbido a la adicción y no hemos predicado con el ejemplo. Grave error, porque como decía Josep Maria Terricabras enseñar significa mostrar: “Mostrar qué se hace, cómo se pueden hacer las cosas y cómo se pueden pensar e imaginar”.

Pero educar requiere tiempo, y en la adolescencia, cuando hierve la sangre, es más fácil lanzar una piedra que lanzar una opinión fundamentada. Y hemos pasado de “Los padres de mis amigos lo hacen así” a “En Francia lo hacen así”.

Hipótesis: hoy los padres nos preocupamos más por el bienestar de los hijos que por su educación, ejercida como la del entrenador, que decía Salvador Cardús: el entrenador que no sea exigente no obtendrá resultados y no hará progresar a sus jugadores.

Décadas atrás los hijos eran súbditos en un sistema de relaciones en el que los padres tenían el poder absoluto. Hoy, la función parental se ha democratizado, a veces literalmente, y los padres terminan haciendo lo que no querrían hacer sencillamente porque la criatura lo ha pedido.

Es evidente que el control del móvil de un hijo es el último recurso. Antes tiene que haber horas de educación por el ejemplo y de conversación en las que los padres expresen sin miedo qué está bien y qué está mal. Porque los hijos escuchan más de lo que parece.

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