El deber cumplido

Abro el Ara.cat y lo primero que veo son dos titulares que, yuxtapuestos, resultan aún más elocuentes que leídos por separado. “Peinado envía a juicio a Begoña Gómez por malversación y tráfico de influencias”, dice el de la información firmada por Núria Orriols Guiu. “Mazón se sacude la responsabilidad y se niega a dar nuevas explicaciones en el Congreso sobre la dana”, dice el de la noticia que firma Andrea Zamorano.Además de tratar sobre la bituminosa política española, ambos tienen el elemento común del deber cumplido. El juez Peinado, convertido en icono de la justicia puesta al servicio de unos intereses políticos que no escaparían a la comprensión ni de un niño, se jubila el domingo y no quería hacerlo sin haber llevado a cabo el objetivo que se había propuesto (y, también podemos entenderlo así, al que se había comprometido): llevar a la esposa del presidente español, Pedro Sánchez, a juicio por una causa completamente inventada que ha tenido uno de los recorridos más estrafalarios y ridículos de la justicia española de los últimos diez años (y eso es decir mucho). Lo ha hecho tal como él quería: con un jurado popular, para incrementar la posibilidad de una sentencia condenatoria. La familia a la prisión: Begoña Gómez, David Sánchez y, si puede ser, Pedro Sánchez en persona. En su caso, por traidor a España. Este es el sueño húmedo actual de la derecha española, una revancha máxima contra unos agravios imaginarios. Es la misma derecha que de vez en cuando siente la necesidad de salvar España, aunque sea cargándose el estado de derecho o, directamente, a unos cuantos cientos de miles de ciudadanos como sucedió durante la Guerra Civil y la dictadura. Y es, también, la realización escrupulosa del mandato de Aznar: quien pueda hacer, que haga. Seguramente, Peinado no tendrá recompensa porque los esbirros no suelen tenerla, más allá de unas palmaditas en la espalda. Y la satisfacción del deber cumplido.También cumplió su deber Mazón, aguantando el escándalo de la desastrosa gestión de la dana del 29 de octubre de 2024 y de los 230 muertos que causó la negligencia de su gobierno, sin dimitir, sin convocar elecciones y propiciando una transición fácil con su segundo, Juanfran Pérez Llorca, de tal manera que la gestión de los treinta mil millones del Plan de Reconstrucción quedasen en manos del PP y de su gobierno. En contrapartida, le ha quedado un sueldo de expresidente, un escaño en las Cortes Valencianas donde puede ir a echarse la siesta si le apetece y una exculpación en toda regla del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana que Mazón exhibía este lunes en su comparecencia en el Congreso como si fuera una licencia para matar. Y que abortó la investigación de la juez de Catarroja, como mínimo hasta que Mazón no pierda el aforamiento. El inepto y mentiroso tiene premio y protección; la mujer que hasta donde sabemos no ha hecho nada punible pero que está casada con el líder político equivocado corre el riesgo de ser condenada; el juez que la persigue tiene el aplauso de la horda neofranquista. La yuxtaposición explica bien, en efecto, el momento de degradación de la política y de la justicia en que nos encontramos.