Derrotar PP y Vox
Más allá del PSOE y el PSC, las izquierdas dibujan un mosaico plural en el estado español. Esta configuración compleja expresa dos hechos. El carácter plurinacional del Estado, con sociedades diferenciadas que generan sistemas de partidos propios, y la tendencia hacia espacios delimitados en términos ideológicos: una cultura de vinculación política que genera dificultades para articular frentes amplios. A grandes rasgos, en diez de las diecisiete comunidades autónomas operan izquierdas de proximidad con presencia institucional. Se trata, en todos los casos, de un único sujeto que aglutina el soberanismo progresista: Endavant Andalucía, el BNG, la CHA, Compromís, Bildu, Més Madrid, Més y Nova Canarias. Catalunya es la excepción: aquí ERC, Comuns y CUP habitan (y disputan) el espacio. Existen, por otra parte, tres fuerzas con voluntad de operar en todo el Estado: IU, Podemos y Movimiento Sumar.A lo largo de los años 2023 a 2026, las izquierdas soberanistas completan un ciclo con resultados relevantes: por encima del 30% en Euskadi y Galicia; entre el 15 y el 25% en Cataluña, Madrid, Navarra y el País Valenciano; alrededor del 10% en Andalucía, Aragón, Canarias y Baleares. Las izquierdas federales, en el mismo ciclo, se sitúan en niveles modestos: entre el 2% y el 5%. En tres comunidades, sin embargo, estas fuerzas articulan candidaturas basadas en trayectorias que van más allá de la coalición puntual: Por Andalucía, Unidas por Extremadura y Contigo-Zurekin (Navarra); en todos los casos, los resultados mejoran y se sitúan entre el 6% y el 10%. El conjunto de estas dinámicas ofrece algunas claves para transitar caminos de fortalecimiento. Se trata, además, de factores conectados a tendencias de fondo.El arraigo territorial. En un contexto global de incertidumbres, individualización y aceleración de ritmos, los anclajes comunitarios resultan del todo necesarios. Pero hay que rehacerlos sobre bases nuevas. El estallido de la diversidad requiere entornos cotidianos donde los vínculos sean posibles. Se trata de dotar los itinerarios vitales de elementos de seguridad relacional: marcos donde se articulen apoyos y capacidades de acción colectiva. En términos políticos, estas gramáticas solidarias se traducen en actores orientados a trabajar lógicas de arraigo territorial y proyectos municipalistas. Fuerzas políticas semejantes a la gente, donde la pertenencia se construye en clave de prácticas y valores, no tanto de relatos ideológicos; donde la identidad se orienta a forjar poder popular y soberanías de proximidad, no tanto abstracciones nacionales.La voluntad de articular mayorías. A lo largo del siglo pasado, la expresión política del conflicto social consolidó el eje clásico izquierda/derecha. En aquel contexto, la socialdemocracia consiguió ganar centralidad en el ámbito progresista. Y más relevante aún: construyó un marco de referencialidad, que situaba al resto de actores, por ejemplo, a la izquierda de los socialistas. Este marco todavía vertebra –a menudo inercialmente– muchas percepciones. Pero se ha empezado a desbordar. Se articulan hoy espacios de izquierdas que transitan del rincón del tablero hacia propuestas más amplias. Fuerzas políticas que conectan con nuevos sentidos comunes, más transformadores y más transversales a la vez.La activación de la esperanza y la alegría. “Ser radical es hacer la esperanza posible, no la desesperación convincente”. Con estas palabras, el sociólogo galés Raymond Williams quiso fijar un claro contrapunto respecto de un estado emocional incrustado de sobra en las izquierdas. Aquello que Deleuze llamó las pasiones tristes: una lógica política abonada al desánimo, o, en el mejor de los casos, a cavar trincheras de resistencia. Pero también aquí las cosas han empezado a cambiar: está emergiendo la izquierda de la esperanza. Actores que vinculan la ambición transformadora a las pasiones alegres. Espacios políticos que van trabajando un nuevo marco emocional generador de horizontes de sentido, y también de caminos fraternos para avanzar. Una gramática rebel –sin resentimientos ni nostalgias– tejida por la confianza y la empatía.Los buenos resultados recientes de las izquierdas soberanistas, y también de las federales cuando trabajan desde la proximidad, ofrecen bases sólidas. El reto ahora es traducir este bagaje en fórmulas de cooperación con inteligencia táctica (dado un sistema electoral en el que la proporcionalidad desaparece en buena parte del territorio). Un buen resultado de las izquierdas en las elecciones generales será clave para derrotar a PP y Vox. Se han situado dos propuestas abiertas de confluencia: la llamada de Gabriel Rufián y la de los partidos de Sumar en el gobierno. Habría que trabajarlas, construir reconocimientos cruzados y avanzar hacia frentes inclusivos: pivotando sobre la plurinacionalidad, con capacidad de articular mayorías y ensanchar la esperanza. Quizás no sea fácil, pero resultaría difícilmente explicable no intentarlo.