Un coche eléctrico cargándose en una imagen de archivo.
18/08/2026 - 18:31 h.
Escritora
2 min

Recuerdo una canción de Carlo Padial, o quizás era de alguno de sus amigos, hace mil años, sobre un hurto en la Fnac. La letra, que se interpretaba como un rap torturado, decía: “Vosotros me dijisteis Nice price, vosotros me dijisteis Nice price y aún lo estoy pagando”. Me ha venido a la cabeza, hoy, pensando en el plan Moves. Aquella subvención de 5.000 euros que te daban (dan, se ve) si compras un coche eléctrico o híbrido. Yo piqué el anzuelo.

En el concesionario todo era tan fácil como sacarte el anillo de casado con jabón de las manos. “Si compras el coche tienes un descuento de 5.000 euros. Lo cobrarás dentro de un año, pero nosotros te lo adelantamos. El coche te costará 5.000 euros menos y cuando los cobres ya nos los devolverás”. Otro habría dicho que no. De hecho, conozco a toda gente que ha dicho: “Yo le pago el coche, usted no me adelanta nada y cuando cobre será maravilloso”. Pasó el año y por parte de los señores que activan el Moves no hubo ningún “moo-vimiento”. Al revés, tuve que ir a un gestor especial, que me cobró cien euros por hacer los trámites complicadísimos y que, ahora, cuando le llamo para saber cómo va todo, ya no se pone. Entonces ya tenía que devolver los cinco mil al concesionario, de manera que el concesionario me hizo un re-crédito. Esos cinco mil que un día quizás cobraré ya los he devuelto, pero con intereses.

El otro día me pidieron no sé qué. Tenía que demostrar, otra vez, la compra del coche. El que me lo vendió tampoco trabaja allí. Como hace años, de todo esto, yo misma dudo y tengo el síndrome de la impostora. Pienso que no soy digna de los 5.000 del Moves. Todo esto es porque hoy me ha llamado una chica que me preguntaba si quería hacer sostenible mi vivienda y que había subvenciones a tal efecto. Le he dicho que soy negacionista climática y que adoro el petróleo, no solo en los Rieslings viejos, también y sobre todo en los tubos de escape.

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