La deuda de los EE. UU.: los riesgos de la incertidumbre

No hace tanto, los Estados Unidos, la primera potencia mundial, eran percibidos como una economía fiable, con estabilidad y seguridad jurídica. Con Donald Trump en la Casa Blanca esta imagen, a base de idas y venidas con la política arancelaria y los conflictos que ha generado –como la guerra con Irán– ha cambiado. Y lo indican los intereses de la deuda del Tesoro de los EE. UU. a 10 años, que se han disparado por encima del 5,3%, muy por encima del umbral del 5% que se considera peligroso para una economía con una deuda que supera los 40 billones de dólares.

A mayor percepción de riesgo, los inversores reclaman más rendimiento para comprar un activo que el Estado necesita para financiarse, especialmente con el gran gasto existente por la guerra. Y también con los recortes de ingresos por las rebajas fiscales a las rentas altas y con la promesa de pagar 5.000 dólares a cada ciudadano adulto del país si los republicanos ganan las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. No parece una gran cantidad por individuo, pero en términos agregados es alrededor de un billón de dólares a cargo del presupuesto público. Y cualquier décima de encarecimiento significa mucho más coste para la administración dado el gigantesco volumen de pasivo con el que carga (más de 40 billones de dólares). La deuda federal ha aumentado en cinco billones de dólares desde que Trump accedió a la sede que ocupa en la avenida de Pensilvania, en Washington.

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Estos niveles en los que se ha situado el bono del país norteamericano supera el pico que alcanzó en 2007, que fue el año previo al colapso de la burbuja inmobiliaria. Y es el interés más alto desde 2002. Este interés sirve a los EE. UU. para fijar el coste de las hipotecas y del crédito a las familias y las empresas, además de ser la referencia global para los activos financieros.

Los bonos de los Estados Unidos siempre habían sido vistos como un valor refugio, como lo es, por ejemplo, el oro, especialmente en momentos de crisis. Pero hay muchos factores que disparan la incertidumbre, la variable que más inquieta al mundo del dinero, y penalizan estos activos dadas las guerras comercial y en Irán y su impacto en los precios energéticos. Muchos ciudadanos de la primera potencia mundial se preguntan por qué su gobierno se implicó junto con Israel en una guerra que ha disparado el precio de la gasolina. Y en los mercados todo ello está provocando que la imagen de Trump haya caído a los niveles más bajos de esta legislatura, cuando faltan pocas semanas para las elecciones de medio mandato.

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Otro elemento que ha hecho crecer la percepción de riesgo son las políticas comerciales erráticas de la Casa Blanca, con su guerra abierta con viejos socios y vecinos. Este ha sido un elemento que también ha encarecido el coste de la vida para los ciudadanos, tanto de lo que compran como de las hipotecas. Y el efecto inflacionista de la guerra también provocó que el mes pasado la Reserva Federal aumentara los tipos de interés por primera vez desde 2023. Todo ello genera un impacto relacionado con las consecuencias de crear incertidumbre casi diariamente.