Espectáculo para imbéciles
Los decretos se deberían haber aprobado. Ahora: No estoy seguro de que Junts haya cometido un error en términos electorales.
Si Sánchez convoca elecciones anticipadas, nos espera una campaña electoral marcada por la emocionalidad, la hipocresía y el esperpento. Lo que hemos oído los últimos días en el Congreso de los Diputados es la culminación de unos años de degradación de la vida política peninsular. Pocas veces se han oído tantas palabras vacías, tanta gestualidad grotesca, tantos aspavientos. Y lo más triste, al menos para mí, es que la mayor parte de este arsenal pirotécnico procedía de partidos de la izquierda. La demagogia progresista es lo que hace que, hoy, muchos de los que estamos en contra de la actuación de Junts lo tengamos que decir asqueados, porque las izquierdas nos han tratado como imbéciles.
Me habría gustado que los decretos sobre vivienda prosperasen, porque creo que la cuestión se tiene que tratar como la dana, es decir, como una emergencia. Quienes apelan a un cambio de modelo productivo y otros lujos propios de países maduros deben entender que, mientras ellos piensan a medio plazo, hay miles de familias angustiadas por su alquiler, o por la imposibilidad de acceder al mercado inmobiliario. Por desgracia, el presidente Sánchez es un frívolo que vive al día, que impone decretos redactados a toda prisa, después de siete años en el gobierno que no han supuesto ninguna mejora en la cuestión de la vivienda. Sánchez, el hombre que ha engañado a sus socios, que ha encubierto a corruptos dentro de su partido, ahora se prepara para su penúltima pirueta, presentándose a las elecciones como un superhéroe capaz de enfrentarse a los fondos buitre. ¡Cuentos chinos!
El gran narrador de este relato, el rapsoda del PSOE, ha sido Gabriel Rufián. Él ha enardecido a las masas con fraseología maniquea, eludiendo sus siglas y lo que significan. En sus intervenciones, siempre en castellano, pomposas y efectistas, Rufián se ha encarnizado con Junts, insistiendo en que “su estelada es un billete de 50 euros” y que dedicará “toda su carrera política” a hacer que ERC y Junts “no pacten nunca más”. Esto, guste o no, significa que Rufián dedicará toda su energía a impedir la independencia de Cataluña. (Y no, no creo que sea un agente de las cloacas del Estado, como dijo Turull en un tuit impropio). Por si fuera poco, Rufián cometió la osadía de desafiar a Junqueras en público. ERC afrontará las elecciones con un gran problema por resolver. Y no es un problema personal, sino que afecta al alma del partido.
Ya he dicho que los decretos se deberían haber aprobado. Ahora: no estoy seguro de que Junts haya cometido un error electoral. Les dirán de todo, claro, y les culparán de cada desahucio. Pero en la acampada de la plaza Catalunya no hay posibles votantes de Junts, ni pequeños propietarios. Los lobis inmobiliarios y la patronal, que mueven suficiente dinero para incidir en una campaña electoral, vuelven a ver a Miriam Nogueras como una posible valedora. Y sobre todo: a pesar del esquematismo de algunos, también en las clases medias y bajas hay electores de centroderecha que detestan los desahucios... pero culpan de ello a las políticas de izquierdas y a la inmigración descontrolada. Si a la derecha solo la votaran los ricos, ni Vox ni Aliança Catalana apuntarían tan alto.
Lo que vendrá ahora no será un debate sereno y fiable sobre vivienda, sino un baile de bastones en el que unos partidos y otros se tirarán a la cabeza inmigrantes y personas desahuciadas. Un triste espectáculo en el cual Cataluña –la idea de Cataluña– ya no pinta nada, porque el PSC está subrogado, Puigdemont volverá como actor secundario, y Colau y Rufián piensan exclusivamente en clave española. Solo falta que se confirme la irrupción tempestuosa de Sílvia Orriols para que el consenso que hizo posible el 1 de Octubre –nuestro momento de grandeza– salte por los aires.