Europa se descuelga de la carrera de la IA
El 30 de noviembre será el cuarto aniversario de la aparición pública de ChatGPT. Fue cuando la mayoría de la población se dio cuenta de que la inteligencia artificial iba en serio y que tenía una potencia tan grande que sorprendía incluso a los especialistas. La IA ha demostrado que no era una burbuja tecnológica más, sino que ha pasado con nota de promesa a realidad. A finales de 2022 solo era visible OpenAI, la empresa emergente detrás de ChatGPT. Pero enseguida se supo que otras empresas de los EE. UU., algunas gigantes como Meta, Google y Amazon, y otras emergentes como Anthropic, tenían a punto grandes modelos de lenguaje similares al que impulsaba ChatGPT. Sin hacer mucho ruido, China estableció la IA como prioridad de país y, con su efectividad habitual, ha conseguido que sus empresas obtengan modelos que rivalizan con los de los EE. UU.: si bien todavía son un poco menos potentes, son más eficientes en coste del cálculo y en gasto energético. Modelos chinos como DeepSeek y Qwen son cada vez más populares en Occidente.
¿Y Europa? Aunque un pequeño puñado de empresas lo intentaron, pronto se vio que solo Mistral AI, una empresa emergente creada en Francia en 2023 con capital básicamente europeo, tenía tecnología y recursos para competir con los grandes modelos de los EE. UU. y de China. Actualmente, esta empresa sigue siendo el único campeón europeo en grandes modelos de IA de propósito general.
Ahora bien, la inversión de Mistral AI en infraestructura de IA no es comparable con la de las grandes empresas de IA de EE. UU. (Meta, Alphabet-Google, Microsoft, Amazon). Solo en 2026, cada una de estas empresas invertirá en centros de datos entre 130.000 y 250.000 millones de dólares, mientras que la inversión de Mistral AI será de unos 4.000 millones en varios años. Si en lugar de dinero comparamos la potencia eléctrica de las instalaciones, el objetivo de Mistral AI para 2030 es tener una infraestructura de 1 gigavatio, mientras que OpenAI ya dispone actualmente de más de 10 gigavatios. Por tanto, aunque Mistral AI asigna sus recursos de manera muy eficiente, la realidad es que su inversión es un 2% o un 3% de la de Google, Microsoft o Amazon. La comparación con la inversión de las empresas chinas es más difícil, porque los costes en China son más bajos: en términos absolutos se sitúan entre las empresas de EE. UU. y Mistral AI. Alibaba, ByteDance, Tencent, Huawei y DeepSeek invierten entre 10.000 y 20.000 millones de dólares anuales cada una.
Por otro lado, ¿tiene sentido que las administraciones de la Unión Europea intenten suplir la falta de empresas y prueben de encabezar la revolución de la IA en Europa? Si tanto en la patria del capitalismo global (los Estados Unidos) como en el campeón de la economía planificada (China) son las empresas las que lideran, parece extraño que en Europa lo deleguemos en las administraciones. Para poner un ejemplo, imaginemos que la Comisión Europea acabe eligiendo Móra d’Ebre como una de las 7 gigafábricas que financiará, de entre las 77 candidaturas presentadas (!). Pues bien, la potencia eléctrica de esta gigafábrica será de 150 megavatios, una fracción muy pequeña de las potencias instaladas por las grandes empresas de IA. Además, debido a la lentitud de todo el proceso de selección, yendo bien no entraría en funcionamiento hasta finales de 2028, y un periodo de más de dos años es una eternidad en la actual carrera desbocada de las infraestructuras de IA. Esto por no mencionar que las GPU (los chips que forman los grandes centros de datos) que se comprarán no serán tecnología europea, sino de la empresa estadounidense Nvidia.
Hablando de nuestra falta de soberanía en chips, conviene recordar que en los años 1980 la Comisión Europea y los gobiernos estatales (España incluida) intentaron encabezar la revolución de la microelectrónica financiando centros públicos de I+D en este sector. El resultado de estas políticas es manifiesto: el 60% de la producción mundial de chips está en Taiwán, el principal diseñador de chips del mundo es Nvidia (EE. UU.), y en Europa solo nos queda la holandesa ASML, que es el principal proveedor mundial de equipos de fotolitografía para los fabricantes de chips. Habría que evitar repetir en IA los errores que se cometieron en microelectrónica.
¿Qué podría hacer Europa para no quedar definitivamente descolgada de la carrera de la IA? De entrada, seguir los consejos de Mario Draghi y de Christine Lagarde, que recomiendan un mercado de capitales unificado en la Unión Europea. Tal como ha dicho la presidenta del Banco Central Europeo, las familias europeas tienen 440.000 millones de euros invertidos en empresas tecnológicas de los EE. UU., y financian sustancialmente el boom de la IA en aquel país. Si el mercado europeo de capitales fuera competitivo, muchos de estos ahorros irían a empresas europeas y quizá la gigafactoría de Móra la promovería una empresa y no las administraciones. Aparte de hacer crecer Mistral AI, se podrían impulsar fabricantes europeos de GPU, de forma similar a como China impulsa a sus fabricantes. Mientras tanto, las administraciones europeas podrían invertir en estas empresas estratégicas comprando acciones en vez de otorgar subvenciones de utilidad dudosa.