El futuro digital del dinero
El dinero ya es mayormente digital. En la eurozona los billetes de euros en circulación solo representan el 10% aproximadamente de toda la masa monetaria: el resto está proporcionado principalmente por el sistema bancario. Además, el uso de efectivo ha ido disminuyendo rápidamente, del 68% de las transacciones diarias en la zona euro en 2019 al 40% en 2025. En Suecia, solo el 10% de los consumidores pagaron en efectivo su última compra en la tienda en 2024. Se puede decir que el proyecto del euro digital es una respuesta a este declive del cash, pero Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha afirmado que no es solo un medio de pago sino también una declaración política sobre la soberanía de Europa. En efecto, el BCE quiere preservar el ancla monetaria y el sistema de pagos, que hoy depende en buena parte de infraestructuras digitales y de las empresas americanas. El dinero digital no es solo una cuestión tecnológica sino también institucional y política, tal como afirmamos en el informe Digital money (CEPR, 2026).
La moneda digital del banco central se empezó a considerar cuando Facebook lanzó el proyecto Libra, que se vio como una amenaza a la soberanía monetaria por parte del sector privado. Ahora los EUA han prohibido que se hable de él y están impulsando los stablecoins, monedas digitales privadas que tienen como contrapartida una moneda como el dólar en forma de dinero en efectivo, depósitos o bonos del Tesoro a corto plazo. El objetivo es que la moneda mantenga la paridad con el dólar, como hace un fondo de inversión monetario. Los dos stablecoins más grandes, Tether y Circle, tienen ahora conjuntamente más bonos del Tesoro de los EUA que Arabia Saudí. Esta es una manera indirecta de aumentar la demanda de deuda de los EUA en un contexto en el que está creciendo mucho y hay que financiarla. El 99% de los stablecoins están respaldados por el dólar. Estos impulsarán la dolarización en economías donde la moneda no es estable y en otras para hacer transferencias internacionales. Además, resulta que los stablecoins han pasado a ser el vehículo digital preferido para actividades ilícitas en sustitución del bitcoin y otras criptomonedas, según Chainalysis. En efecto, el bitcoin no es adecuado para hacer transacciones, ya que su valor fluctúa mucho.
Los instrumentos digitales como las criptomonedas, los stablecoins, las monedas digitales mayoristas y minoristas de los bancos centrales utilizan nuevos raíles, pero difieren en quién los emite, qué los ampara, cómo mantienen la confianza y cómo distribuyen los riesgos y los beneficios. Por ejemplo, los depósitos tokenizados son derechos digitales emitidos por un banco comercial que representan una reclamación, de 1:1, sobre la moneda fiduciaria que se mantiene en esta institución. Actúan como un envoltorio tecnológico para el dinero bancario, lo que permite moverlo por el blockchain con la ventaja de mantener las protecciones regulatorias y de supervisión de la banca tradicional.
La digitalización reabre preguntas clásicas sobre el sistema monetario: quién debe crear el dinero, cómo deben regularse los medios de pago, y en particular cuando los pasivos digitales (monederos) privados sean utilizados a gran escala. La UE está considerando introducir el euro digital tanto para las transacciones al por mayor como para el detalle. Es una oportunidad para repensar la arquitectura bancaria, en la cual el banco central continuará teniendo un papel crucial como garante en última instancia de la estabilidad del sistema.
El futuro del sistema monetario internacional podría ser unipolar, con el dólar en el centro, aprovechando la dominancia de los stablecoins en dólares, actuando como una fuerza centrípeta, junto con la profundidad y la liquidez del mercado de bonos de EE. UU. y la ausencia hasta ahora de alternativas creíbles en los pagos transfronterizos. Ahora bien, hay fuerzas centrífugas importantes: la geopolítica, en primer lugar, ámbito en el cual China promueve el yuan y Europa el euro, y en el que varios países, como Rusia e Irán, huyen del dólar para evitar sanciones extraterritoriales de EE. UU. No es de extrañar, pues, que la regulación de las monedas digitales sea diferente en distintas jurisdicciones como EE. UU., la UE y China, lo que dificulta la necesaria coordinación internacional en la supervisión y en la interoperabilidad de las plataformas.
Las monedas digitales son tanto una competición tecnológica como una competición por el poder institucional. Los bancos buscan proteger las franquicias de depósitos y su financiación, y los bancos centrales buscan preservar el beneficio que se obtiene por la emisión de moneda, la autonomía monetaria y el ancla pública del orden monetario. Al mismo tiempo es una competición por la integridad técnica en un mundo expuesto a los ciberataques, aumentados por la IA y la perspectiva de la computación cuántica que puede romper los códigos. El sistema monetario solo será estable si hay una gobernanza institucional sólida con unos canales de transmisión seguros.