'Cuánta, cuánta guerra...'
Rodoreda es de tan buena madera... Vivimos además unos tiempos ideales para entenderla. En el acto inaugural de la exposiciónRodoreda, un bosque, en el CCCB (importante no perdérsela), la comisaria, Neus Penalba, dijo queCuánta, cuánta guerra…concentra todo Rodoreda, y este comentario, viniendo de quien ha escrito un estudio impresionante sobreLa muerte y la primavera, me ha llevado a releerCuánta, cuánta guerra…
Y me ha vuelto a deslumbrar. Lo he releído como la novela que cierra un ciclo literario, tal y como Rodoreda cerró un ciclo vital volviendo al país. Rodoreda siempre es autobiográfica, es literatura carnal, pero al modo en que Blanchot definía la literatura: "conciencia sin mí."
Como para ajustar cuentas, Rodoreda vuelve a la guerra civil que la hizo marchar y que la convirtió del todo en escritora. Ambienta el argumento en la agónica Batalla del Ebro, pero poniendo su experiencia en la huida de París en 1940, cuando participó de unnosotroscomo el de Troya, pero parisino: Némirovsky huye dos años después y dejaSuite francesa; en dirección contraria huirá Céline, y dejaDe un castillo a otroyNorte.
Hay una genealogía que va de laOdiseaen la novela de caballería pasando por laEneiday por Llull. Rodoreda hace este viaje iniciático conDemiande Hesse debajo del brazo, novela que terminaba al comienzo del ciclo bélico, en 1919. Hesse fue el primer escritor psicoanalizado, y en los últimos años Rodoreda está tanto de él que con Manrubia ponen el nombreLa señalen la casa de Romanyà. El onirismo deCuánta, cuánta guerra...actualiza el onirismo freudiano de Català: el de Rodoreda sigue el cine psicoanalítico de Hitchcock. Qué películas habría hecho Lynch sobre Rodoreda.
El viaje iniciático aquí es solariega y gogoliano, lleno de masías y bosques, ángeles y brujas. Es el viaje existencialista de un joven que vive en guerra por el deseo de libertad, que para Rodoreda es una necesidad de justicia. Adrià va por el mundo rehuyendo vínculos, como Rodoreda hizo, un aprendizaje que tiene, como todos, un sentido redentor. Salvándose él salva a todo el mundo porque "cada hombre es el espejo del universo". En palabras de Sartre, "no hay nada que pueda ser bueno para nosotros si no lo es para todos". En palabras de Hesse que Rodoreda había copiado en una libreta: "Y si el mundo de fuera desapareciera, cualquiera de nosotros sería capaz de reconstruirlo". Con una nueva visión del paisaje, Rodoreda toma el relevo a los modernistas: con la piedad final de este libro, toma el relevo en Carner.
Tengo la esperanza de que Penalba dedique un libro aCuánta, cuánta guerra…