¿Con quién hablabas?
Leo en el AHORA las conclusiones del último Barómetro Juventud y Género. Se pregunta por el control de la pareja, y aquí, claro, entra en juego el aparato llamado móvil, que es el centro de las relaciones actuales. Nos conocemos porque nos empezamos a seguir por Instagram y nos dejamos por WhatsApp. Si miramos las cifras, el 32% de las mujeres jóvenes dicen que su pareja se ha enfadado porque no habían contestado de inmediato mensajes o llamadas, por el 17,5% de los chicos. Me da risa que se remarque que son las mujeres jóvenes. Las viejas pueden no contestar durante medio año, que su pareja no se dará cuenta. Pero he aquí que el 27% de las chicas dicen que han revisado el móvil de la pareja, frente al 17% de los chicos. El 26,6% de chicas le han dicho a su pareja con quien puede o no puede hablar, frente al 17% de chicos.
Cuando salen encuestas de éstas y son los chicos los que superan a las chicas en la revisión del móvil hablamos de "control". Yo diría que eso que hacen jóvenes y mayores de ambos sexos es los celos de toda la vida. El sentimiento de posesión; el sentimiento, sobre todo, de deslealtad del otro. En este sentido, muchas chicas, inspiradas por las creadoras de contenido de TikTok, ponen trampas a sus parejas para detectar su fidelidad. Una amiga, o ellas mismas con un nombre falso, envía un mensaje al chico en cuestión (por Instagram) explicándole que le han visto, que les parece mono y que si podrían quedar. A menudo el resultado del engaño lo cuelgan en el perfil. Con esto quiero decir sólo que el control de la pareja no es una cuestión de machismo. Y que los celos, si están justificados (si el otro es un pica-flor), los comprendo muy bien. Para mí, de nuevo, el problema no son las parejas. Son los móviles a menudo más importantes que las parejas.