La hora de la literatura

Leo que el grupo Fetus, formado por Adrià Cortadellas, Telm Terradas y Adrià Jiménez, con Carles Belda y Joan Colomo (como productor), sacan un –por decirlo a la manera de los discjóqueis– “nuevo trabajo”. En el ARA, donde leemos que dedican su arte de juglaría a cuestiones como el PSC, Aliança Catalana y Rodalies, dicen esto: "En este disco nos han llamado cronistas y estamos de acuerdo. Al final, es todo un ejercicio de entender el romance como predecesor de la prensa y quererlo reivindicar y reinterpretar como género que muchas veces tiene cierta objetividad, pero el simple hecho de cantarlo ya es un hecho político en sí".

Es del todo cierto. Este tipo de música, o quizá de versos musicados, es un género literario: la crónica. Siempre digo, en los clubes de lectura donde predico, que la canción larguísima de Bob Dylan dedicada al boxeador Hurricane Carter es una pieza periodística; por tanto, literaria. Y es por eso que el autor recibió el Nobel de literatura, del todo merecido.

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En época de dichos índices que revolotean por la pantalla del móvil en busca de chistes rápidos, simples, y ahora que poca gente tiene discos en la sala de estar de casa (ni libros) al alcance de quien los quiera escuchar mientras trabaja o cena, unos juglares que expliquen romances en catalán me parece muy buena noticia. Desprenden alegría y virtuosismo musical, sin ninguna pretensión, excepto la diversión (y ya me perdonarán la rima).

Que esto sea en catalán me resulta de una modernidad sorprendente. Mientras escucho el acordeón y los violines, la letra me dice que “hay caos en Rodalies” y que “«Ahora se abren las puertas», te informan en castellano”. Se ha acabado Sant Jordi, pero la literatura, en todas sus formas, no se detiene. La ironía es una de las formas más altísimas de la lírica. Y esto me pone contenta.