Hungría vota Europa
1. Decía Steve Bannon, voz destacada del trumpismo, que Viktor Orbán es “uno de los líderes morales del mundo”. De momento, esta figura que Trump sentía tan próxima que decía que era “como si fueran gemelos” está lamiéndose las heridas de una derrota estrepitosa. Tisza, el partido de Péter Magyar, dispondrá de mayoría absoluta con 138 escaños, frente a los 55 de Fidesz, el partido de Orbán. Es precisamente la inesperada dimensión del fracaso lo que ha hecho de estas elecciones un acontecimiento.
El resultado ha dejado mudo a Orbán. Si hubiera ido de la nada, quién sabe qué habría hecho el hombre de Trump (y de Putin) en Budapest con la ayuda de sus patrones internacionales. Cualquier maniobra desestabilizadora era posible antes de abandonar el poder. Pero ante la rotundidad de las urnas, de momento ha optado por el silencio. Y son los electores los que han dado dimensión al acontecimiento. No solo porque los ciudadanos húngaros han demostrado su europeísmo y su rechazo a la sumisión a los Estados Unidos y a Rusia, sino porque, al mismo tiempo, se ha puesto en evidencia lo que ya se está notando en todas partes: la caída en picado de la imagen de Donald Trump. Su apoyo inquieta, debilita, más que refuerza. El vicepresidente J.D. Vance todavía fue a Budapest a ratificar el apoyo del gobierno americano a Orbán. Si de algo sirvió, fue para agravar la herida.
2. El éxito de Magyar —ahora veremos qué hace y si cae en las tentaciones que pronto le llegarán— es un fracaso de Putin y Trump que confirma la pérdida acelerada de reconocimiento que está sufriendo el presidente americano después del exhibicionismo belicista que, arrastrado por Benjamin Netanyahu, está llevando a cabo en Irán. El Financial Times decía el pasado fin de semana que “Trump está arruinando el liderazgo moral de América. Las espeluznantes amenazas del presidente han envenenado aún más las normas contra los crímenes de guerra”. Y añado: la pérdida de apoyo al presidente en la sociedad americana se hace cada vez más evidente, con una parte de sus colegas de MAGA expresando que están hartos de él. Las guerras, hoy, salvo circunstancias muy particulares —el caso de Israel es enrevesado— no favorecen las adhesiones. Y menos aún cuando se hace de la guerra la manera de estar en el mundo, y de la amenaza —desde el yo desmesurado de quien va corto de autoestima— la estrategia permanente. Trump tiene la necesidad de hacer de la guerra el instrumento principal de sí mismo. Desgraciadamente, hay psicopatologías que encuentran refugio en el poder, es decir, a costa de todos. Cosas de la condición humana.
El exhibicionismo de Trump. Él tiene que hacer creer que siempre tiene la última palabra; le sirve para camuflar la realidad. Y se olvida fácilmente que el promotor y defensor incondicional de esta guerra es Netanyahu, que vive del conflicto y de la supremacía bélica de Israel en la zona y que exhibe un estado de agresividad permanente. Trump ha aceptado que ocupa el primer plano de la escena amparando al líder israelí, que solo aparece para marcar el paso si la tensión baja o si Trump afloja. En todo caso, al presidente americano se le acaba la cuerda. Las discrepancias aparecen de manera creciente en la escena americana, cosa que le lleva a elevar el tono de un espectáculo entre el delirio bélico y la amenaza permanente.
3. Pero el resultado de Hungría interpela también a Europa, que ha hecho una vez más el papel de la triste figura incapaz de poner a Trump en su lugar. La felicitación de Von der Leyen –la del triste espectáculo de servidumbre a Trump en un campo de golf americano– a Magyar, celebrando la derrota de Orbán, parece un chiste. Ahora se despiertan. En toda esta crisis han sido raras las advertencias salidas de Europa. De hecho, fue Pedro Sánchez –estos días en China, precisamente (cuatro veces en cuatro años)– el primero en marcar abiertamente distancias con Trump, que, de hecho, ya han tenido confirmación de recibida. El resultado electoral de Hungría interpela a los europeos: "¿No os lo esperabais? Pues estamos aquí". Ni EE. UU. ni Rusia: Hungría ha votado Europa, que debe estar a la altura de la situación.