La IA y las burbujas, ¿una repetición de la historia?

"Una corrección de las actuales valoraciones bursátiles es probable". Esta es la advertencia de economistas del Banco Central Europeo (BCE) a través del blog de la institución monetaria sobre la evolución de la inteligencia artificial (IA), uno de los motores bursarios en los últimos tiempos. Solo basta ver un ejemplo: Nvidia, líder mundial del mercado de la IA gracias a sus potentes unidades de procesamiento gráfico (GPU), con un valor de más de cinco billones de dólares (con b), por encima del PIB de Alemania.

Todos los avances tecnológicos han provocado etapas de euforia, seguidas por períodos de pánico, a partir del momento en que se constata que la apuesta inicial era demasiado optimista o que se avanzaba demasiado al potencial del nuevo invento o innovación. Solo basta repasar la historia. Esta tendencia a la exageración de los mercados la explican Charles Kindleberger junto con Robert Z. Aliber en un clásico titulado Manías, pánicos y cracks (Ariel, Barcelona, 2012), todo un análisis de las crisis y burbujas financieras a lo largo de la historia. Publicado en 1978, han tenido que ir actualizándolo para incluir desde el estallido de la burbuja de las puntocom (empresas ligadas a internet) en 2000 hasta la crisis hipotecaria de 2008.

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Los autores de este análisis, cuyas opiniones no tienen por qué representar las del BCE, avisan que la evolución de la IA en los mercados puede registrar patrones como en otros momentos de disrupción tecnológica. Uno fue el estallido de la burbuja propiciada por internet, que hizo desaparecer compañías que parecía que se iban a comer el mundo. Worldcom o Terra en España, que evaporó los ahorros de muchos pequeños inversores en el estado español, después de dispararse desde unos 11 euros en su estreno en bolsa hasta más de 150 euros por acción, caer más del 95% y ser finalmente absorbida por Telefónica en 2005 por 5,25 euros el título, son ejemplos.

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Estos procesos se caracterizan por un "optimismo excesivo" de los inversores en una primera etapa, que dispara las valoraciones y los precios, aunque tengan pérdidas. Es la etapa de la euforia, en general más basada en expectativas que en hechos. Después viene el batacazo.

Actualmente, además de gigantes como Nvidia, Alphabet, Apple o Amazon, un ejemplo de etapa inicial de euforia y el inicio de ajuste del valor es la tecnológica de Elon Musk SpaceX. En cualquier caso, tal como demuestra la historia financiera, una corrección importante o el estallido de la burbuja no suponen necesariamente un fracaso de la tecnología. Si realmente es una tecnología transformadora, habrá un momento en que volverá a subir.

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En cualquier caso, no es un peligro para las bolsas europeas, ya que no hay grandes grupos autóctonos cotizados especialistas en IA, sino para los inversores de la Unión Europea (UE) por su gran exposición a las grandes tecnológicas de EE. UU. Estos economistas calculan que concentran unos 440.000 millones de euros en inversión en estas empresas. También las aseguradoras y los fondos de pensiones, con unos 200.000 millones. Es, por tanto, también un problema de estabilidad financiera para la zona euro y con un margen para recortar los tipos de interés o utilizar la política fiscal mucho menor que el que había en anteriores crisis. Esperemos que la historia no se repita.