La IA entra a clase por la puerta de atrás

Les explicaré una anécdota real.Un familiar cercano entregó hace un mes su trabajo final de máster. El centro pasó el trabajo por Turnitin, un programa que calcula la probabilidad de que un trabajo haya sido hecho con IA. Si sale muy alto, lo rechazan y obligan a repetirlo. Salió un 8%.El caso es que cuando recibimos la corrección del tutor nos pareció un poco extraña. Era demasiado impecable y con expresiones un poco barrocas. Puntos a corregir extrañamente precisos. ¡Qué extraño, nos dijimos! La subimos a un detector. Resultado: 80% de probabilidad de ser IA. Prometo que es cierto.¡No es ninguna queja! Me parece perfecto lo que hizo el tutor, siempre y cuando hubiera leído el trabajo y hubiera pulido la corrección de la IA. Pero la anécdota nos demuestra que es absurdo intentar expulsar la inteligencia artificial del sistema educativo.Pasó con la calculadora, y con internet. ¡Y con Google! ¿Recuerdan cuando estaba prohibido usar buscadores para hacer trabajos escolares? Poco a poco vimos que la cuestión no era dedicar tres horas a buscar un dato que se podía encontrar en treinta segundos. Lo importante, desde el punto de vista educativo, era saber qué hacer con aquel dato.Introducir la IA en el sistema educativo es todo un reto. Debemos diferenciar entre usar una herramienta y usar el pensamiento. Un alumno puede utilizar la IA y obligarse a ordenar ideas, comparar enfoques, corregir un argumento, imaginar ejemplos o mejorar una teoría compleja. ¡Para pensar!El problema es el alumno que no piensa, solo copia o aparenta una competencia y entrega un texto vacío.Así que antes tendrá que aprender a escribir, claro está. No se puede poner a un niño delante de una IA antes de que aprenda a redactar bien, a leer, a ordenar ideas, a sostener argumentos… Igual que no se enseña a usar una calculadora antes de saberse las tablas, tendremos que introducir la IA después de que el alumno alcance estas habilidades.Una vez superado este umbral, introducir la IA nos permitirá desarrollar en nuestros jóvenes las habilidades que ya están siendo más demandadas en el mundo laboral: juzgar, afinar, corregir, reinterpretar, contrastar, personalizar…Por tanto, esto no va de si el estudiante puede usar la IA. La cuestión es a qué edad entra en ella, cómo debe usarla y para desarrollar qué competencias. Deberemos diseñar ejercicios en los que la IA eleve nuevas habilidades: pedir procesos, exigir versiones intermedias, introducir debate oral, que un alumno explique por qué ha aceptado una sugerencia y por qué ha rechazado otra.Este es el futuro. Y requerirá grandes maestros… ¡en persona!