¿De verdad que la inmigración nos hace más pobres?

El profesor de quien más aprendí en la facultad nos decía que la economía es una mezcla de poca ciencia, bastante técnica y mucha ideología. Yo añado que en el debate público sobre todo abunda la ideología, aunque con apariencia de ciencia, dado que el debate científico y técnico permanece en el mundo académico. Tenemos buenos ejemplos en los recientes debates económicos: el del modelo de financiación autonómica y en el del impacto de la inmigración.

Me centraré en este segundo debate, dando continuidad a unos artículos anteriores sobre estado del bienestar e inmigración, donde para resumirlo venía a decir que el hecho de que ésta pueda aportar fiscalmente menos de lo que acabará recibiendo es una cuestión que tiene en común con la mayor parte de la población. De hecho, con toda esa población que, con su trabajo y su consumo, hace posible que una minoría se lleve más que nadie del mercado, y que, gracias a ello, acabe aportando al fisco más de lo que recibe.

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Pero quienes ven en la inmigración muchas amenazas económicas van añadiendo argumentos a su crítica. Entre los más recientes destaca el que toma la evolución del PIB per cápita de las distintas comunidades autónomas por señalar que aquellas donde más ha crecido son las de menor inmigración; por tanto, infieren que la baja inmigración las ha hecho más ricas, mientras que ha empobrecido a las comunidades con más inmigración –salvo Madrid, con alta inmigración y fuerte incremento del PIB per cápita, por razones que no se explicitan.

Sin embargo, lo cierto es que el aumento del PIB per cápita de las comunidades de baja inmigración básicamente se debe a la disminución del denominador, es decir, de la población. Sobre todo, de la población más joven: aquélla que no suma al numerador del indicador en cuestión, pero sí suma al denominador. En el caso de Extremadura, la comunidad donde más ha crecido el PIB per cápita este siglo, ¡la población de menos de 16 años ha disminuido un 27%, tanto en términos relativos como absolutos! (Para poder compararlo, en Cataluña se ha mantenido en términos relativos y ha aumentado en número absoluto.)

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Un fenómeno que a corto plazo, y en términos puramente estadísticos, supone un aumento del cociente PIB/población que por sí solo explica todo el crecimiento aparente del PIB per cápita de aquella comunidad autónomo. Celebrar, pues, la evolución económica de una comunidad en regresión poblacional es un despropósito parecido al que sería felicitar a una pareja que no puede tener hijos, aunque desearlo, porque de esta forma su renta per cápita es superior.

El PIB per cápita puede ser un mejor indicador de la evolución económica de un territorio que el simple crecimiento del PIB, pero no puede utilizarse directamente para comparar realidades y trayectorias económicas divergentes. Y eso incluye a la Comunidad de Madrid, con un PIB per cápita cada día más inflado por el efecto”conmuter"; es decir, por el progresivo aumento de la muchedumbre de gente que trabaja pero que no reside en ella, y que, por tanto, hace aumentar el numerador sin estar en el denominador.