¿Es la inteligencia artificial una oportunidad para la educación?

¿Qué es la IA? Podríamos definirla como “algoritmos/programas basados ​​en diferentes técnicas informáticas y matemáticas que se comporten de una forma que sería considerada inteligente en un ser humano”. Como por ejemplo, un sistema de ayuda al diagnóstico de cáncer de mama, un programa para segmentar a los clientes en un departamento de marketing, un sistema para detectar los mensajes que contienen odio en las redes sociales, un sistema personalizado para favorecer el aprendizaje o el propio ChatGPT. Ahora bien, también existen herramientas que permiten manipular imágenes con fines malignos; ciberataques; manipulación del comportamiento humano a través de las redes sociales; discriminación y sesgo en los datos de los sistemas inteligentes, como un programa de selección de personal; o desarrollo en materia armamentista. Por tanto, hay que velar por que los sistemas basados ​​en IA beneficien a las personas y al planeta, respeten los derechos humanos y la diversidad, sean transparentes y responsables, no ofrezcan riesgos, sean éticos, explicativos, sin sesgo por condición de género, cultura o sexo , entre otros. Todo el mundo deberá ser usuario de la IA y del uso de los datos (conocer las bondades y riesgos de cada aplicación). Habrá personas expertas en la IA (profesionales), pero no todo el mundo debe ser un conocedor de las entrañas de los sistemas basados ​​en IA.

Nuestro objetivo y compromiso es educar a personas que puedan contribuir a formar un mundo mejor. Y esto es una gran responsabilidad. Hay que pensar bien cómo lo hacemos. Es necesario acompañar a nuestros estudiantes a crecer personal y profesionalmente. Se necesitan aprendizajes significativos. Es necesario conectar con los jóvenes. Y para ello usaremos las herramientas que estén a nuestro alcance. Seguramente usaremos las herramientas basadas en IA, como ChatGPT, pero es necesario saberlas usar adecuadamente. Como la calculadora, las tijeras, los lápices y los gomets. Porque lo que debemos ofrecer a los miembros de los campus universitarios son espacios para pensar, para discurrir, para intercambiar puntos de vista, para aprender unos de otros, para respetarse y ser buenos profesionales. Es necesario que nuestra educación sea humanista. Si la IA es una herramienta que contribuye, ¡pues adelante! Pero es necesario ser conscientes del riesgo de sus limitaciones, de cómo puede polarizar nuestras opiniones y la desinformación que puede generar.

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¿Es la inteligencia artificial una oportunidad para la educación? Lo que nos dicen los resultados del informe PISA es que debemos centrar los esfuerzos en la comprensión lectora y las matemáticas. Es necesario comprender para aprender. Si un niño o una niña ríe frente a un cómic sabremos que tiene comprensión lectora. Si tiene esa habilidad, más un mínimo de conocimientos en matemáticas, podrá beber de distintas fuentes. Podrá tener criterio. Será capaz de discernir. Sin estos pilares difícilmente podrá aprender por sí mismo. No sabrá volar. Será una persona que irá a remolque de las disposiciones de otros. Será fácilmente influenciable. No sabrá decidir. Andará erráticamente. Por tanto, la clave, el eje vertebrador de la educación, no puede ser una herramienta, no puede ser la inteligencia artificial. La oportunidad no puede ser la IA. La oportunidad para cualquier persona es la educación humanística e integral.

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Es necesario, en consecuencia, que desde el mundo de la educación se trabaje para cultivar estas competencias transversales y, también, que se aporten guías, consejos y propuestas para ayudar a enfocar la toma de decisiones de forma ética en los ámbitos nuevos o de actualidad. Siguiendo esta idea, la Universidad Ramon Llull (URL) puso en marcha un grupo de trabajo sobre el impacto de las herramientas basadas en inteligencia artificial aplicadas a la docencia, que ha diseñado 10 recomendaciones para establecer pautas éticas y prácticas para garantizar que el uso de las herramientas basadas en IA sea beneficioso y respetuoso con los valores de la comunidad universitaria. Un granito de arena en unos esfuerzos que siguen una consigna clave: hace falta educación para todos.