'Malinche II'
La Serenísima Isabel Díaz Ayuso ha dicho unas palabras que nos interpelan dolorosamente. Las ha dicho después de que –incomprensiblemente– el gobierno mexicano no haya entendido su encendida alabanza a Hernán Cortés. "Hemos tenido que desaparecer. Estábamos en peligro", ha murmurado, de regreso a la capital de la madre patria.
Algún woke dirá que desaparecer y estar en peligro no serían los verbos ideales para alguien que se marcha después de alabar a un conquistador que se caracteriza por poner en peligro y hacer desaparecer a una civilización. Pero esa no seré yo. Yo comprendo muy bien el sufrimiento de esta mujer empoderada, valiente, que nada contra corriente y nos dice unas verdades incómodas. Entiendo el dolor de Isabel Díaz Ayuso teniendo que desaparecer por el peligro que corría. Y ese peligro es comparable al de todas las víctimas de Hernán Cortés, empezando por Moctezuma. Es por eso que me atrevo a sugerirle una reparación en forma de arte.
En este disoluto viaje se ha hecho acompañar por Nacho Cano, autor de la obra (musical...) llamada Malinche. El hermano Cano, de Mecano, explica (con el mismo arte que ya desplegó en Hijo de la Luna) la historia de amor (de amor, alto las sequías) entre la “indígena” Malintzin y el “conquistador” español Hernán Cortés (las comillas son mías) en el siglo XVI, enfocándose, dice, “en el nacimiento del mestizaje mexicano”. Creo que su próxima obra maestra debería ser otro musical llamado Ayuso y que sería una especie de Malinche II. La música la haría él; la letra, con un cierto esfuerzo, se la podría hacer yo misma, y no hace falta decir que rimaría Isabel con amargo como la hiel. Por el presupuesto, que no sufran. Lo hago como reparación histórica y estoy segura de que nos pondremos de acuerdo.