Por medios propios

Lunes 27. Fuego en el metro, vagones llenos de humo, ambulancias, heridos. Poca sorpresa y poco escándalo. Mi experiencia, una entre millones. Miércoles 15, 11.45 h. Subo al coche para coger el tren en Caldes de Malavella. 12.20 h. En taquilla me dicen que tengo suerte: hay huelga pero el maquinista del próximo tren no la secunda. 13.00 h. A medio camino, megafonía: “Por causa de un escape de gas, este tren parará en Cardedeu. Abriremos puertas por si alguien quiere continuar por sus propios medios.” Temperatura en el andén, 38º. Oigo a unos maquinistas hablando entre ellos: que les va a buscar un taxi y el tren volverá atrás, pero que de momento no avisarán a los pasajeros. Los turistas se quedan en el tren. 13.20 h. Los autóctonos hacemos cola por nuestros propios medios en una parada de autobús. 13.45 h. Tengo suerte, subo al autobús. 14.10 h. En Granollers, cojo un Sagalés hacia Barcelona. Sube todo el mundo. El pasillo es una lata de sardinas sudadas. “He vivido en Bolivia, es el estándar de allí”, dice un pasajero. El aire acondicionado no da para tanto y la angustia se esparce. “Allí hay un martillo para romper la ventana”, tranquilizo a una señora que se ahoga. Corremos como locos por la autopista. 15.00 h. Fabra i Puig. Dos transbordos de metro y FCG. En total, unos 20 € extra en billetes. Llego pasadas las 16 a la reunión de las 15, sucio, cansado y muerto de hambre. Más de cuatro horas para hacer cien kilómetros (24 km/h).

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Para volver, servicios mínimos con los retrasos y la desinformación de siempre. Es un azar cuando pasa el tren, de manera que toca esperar en el andén. Hervimos de calor. Por la mañana, he dicho en casa: “¿Huelga? Debe ser sarcasmo, no se notará la diferencia.” Me equivocaba. Pido la devolución del dinero del viaje, pero mi tren circulaba en horario de huelga y no tengo derecho.Miércoles 22, 15:00 h. Vuelvo a subir al tren en Caldes. 15:30 h. Vuelve a pararse en Cardedeu. 17:00 h. Granollers. Megafonía: el tren se detendrá aquí, cojan la L2. Pero no pasan trenes. Gente acumulada en el andén. Ninguna información. Mucho calor. Renuncio a Barcelona. 18:00 h. Me refugio en el único tren parado que está abierto. Si arranca, no sabemos a dónde va. "Un tren Kinder Sorpresa", dice una chica. Ninguna información. 19:40 h. Vuelvo a estar en Caldes. Más de 5 horas, y sin llegar a Barcelona. El desastre de un socavón en Moncada cortará unos días las líneas de tren.La dejadez y la corrupción se refuerzan mutuamente, pero la desinformación humillante, el maltrato al pasajero y la impresionante pérdida de horas más bien me hacen ver los trenes como parte de un mecanismo de sumisión y disciplina, de represión y de miseria, más pensados para distanciar que para llegar a algún sitio.