Leemos en el ARA que el número de mujeres directivas en Francia no ha parado de aumentar, lo que se explica gracias a la ley que obliga a las empresas de más de 1.000 trabajadores a tener al menos un 30% de mujeres en los comités de dirección y en los comités ejecutivos. En 2029, el porcentaje de directivas deberá ser del 40%.
Tengo la suerte de escribir en un diario, un diario de papel, dirigido por una mujer. Es de las pocas de Europa. Esther Vera es nuestra Katharine Graham. La conozco desde hace muchos años, de cuándo hacía crónicas políticas de una forma que marcó época. Ni ella ni Graham son una cuota. Entre los posibles directores, ellas son las mejores. No hay ninguna duda. Como tampoco cabe duda de que Esther Vera querrá matarme por haber escrito esto en el diario que dirige.
A menudo hablamos de conciliación, de si los hombres tienden a saltarse la vida familiar por el trabajo y las mujeres no tanto. Esto, probablemente, es así en muchos casos y puede explicar el hecho de que haya menos mujeres directivas. ¿Pero qué ocurre si hay muchas mujeres que no quieren ser directivas? Cuando se hacen campañas para que haya más niñas científicas porque la mayoría estudian humanidades lo entiendo, pero no puedo dejar de pensar que no ocurre nada si hay más mujeres que se dedicarán a las humanidades porque les gusta. Yo soy ejemplo. Soy muy feliz dedicándome a este privilegiado e inútil oficio del todo que hago no por ser mujer sino por ser escritor, sin olvidar ni un instante que mañana puedo perder el favor de los lectores, que son soberanos.
Hay muchos trabajos en los que las mujeres todavía no tienen referentes femeninos, o muy pocos; por ejemplo, la enología, la dirección de un diario, la celebración religiosa y el entrenamiento de fútbol. Hace muy poco en la política no había, tampoco (no hace tanto que podemos votar). Ahora ya tenemos a mujeres dirigiendo partidos y aspirante a presidentes. Estas mujeres han subido sin cuotas, y la mayoría de ellas –liberales– están en contra. Me gusta mucho que, casualmente, quien dirige este diario sea, además de lo mejor, una mujer.