Menopausia en tiempos neoliberales

Últimamente, se ha hablado extensamente de la falta de abastecimiento en las farmacias para cubrir la demanda de terapia hormonal sustitutoria destinada a paliar los múltiples y complejos síntomas que podemos experimentar las mujeres que estamos en periodo de menopausia o perimenopausia.

Que de esta falta grave se haga una reivindicación —impulsada, en parte, desde el feminismo— es legítimo y necesario. Especialmente, cuando se compara lo que está pasando con el abastecimiento de fármacos sobre salud sexual destinados a hombres (aunque hablemos de usos muy diferentes). Constatamos una vez más la falta de perspectiva de género en el sistema de salud en general y en la investigación sobre la menopausia o situaciones que impactan en las mujeres a partir de cierta edad en particular.

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Quisiera —en esta breve reflexión— abrir algunas preguntas más, añadidas a esta necesidad farmacológica objetiva. 

Como mujer en esta etapa que dedica un presupuesto mensual a complementos para equilibrar estos síntomas, hay dos líneas de reflexión que me gustaría abrir. En primer lugar, constatar que las desigualdades sociales también tienen un impacto directo en la posibilidad de paliar los síntomas de esta etapa. Como siempre pasa con el capitalismo, la prioridad del negocio de la menopausiano es mejorar nuestro bienestar sino exprimirel beneficio al máximo: en este escenario las mujeres en mayor situación de vulnerabilidad económica son las que tienen menos acceso a buscar soluciones farmacológicas, que son caras. Pero eso no es todo. Las recomendaciones de salud que se hacen (que muchas mujeres viven como exigencias sociales) sobre esta etapa implican hábitos como el ejercicio físico. Y las mujeres más vulnerables económicamente son también las que sufren más lo que llamamos pobreza de tiempo (tiempo para ellas, para mejorar su situación personal). No nos hacemos lo suficiente cargo, ni socialmente ni desde la administración, de lo que todo ello implica. 

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En segundo lugar, me pregunto si el negocio que generamos las mujeres menopáusicasno es, en gran parte, fruto del modelo neoliberal que nos impone el máximo rendimiento profesional, la presión estética por parecer siempre más jóvenes, la exigencia de disponibilidad sexual permanente... En definitiva, la presión sobre las mujeres para invisibilizar el paso del tiempo. A menudo, cuando me siento muy cansada o me cuesta dormir y tengo claro que los cambios hormonales están influyendo, me pregunto cuánta de la autoexigencia cotidiana que vivo también tiene que ver con responder a este modelo social en el cual las mujeres solo podemos ser valoradas si podemos transmitir la energía y el físico de parecer más jóvenes de lo que en realidad somos. Uno de los piropos que más se estilan cuando dices tu edad a partir de cierto momento es decirte que no los aparentas, que pareces más joven. Vivimos en una sociedad que no nos deja ser quienes somos. ¿La vejez no nos debería hacer sentir que socialmente somos reconocidas por la sabiduría de haber vivido más que por apurar aquello de jóvenes que queda en nosotras?