

Esta semana hemos vuelto a 2015 porque Zuckerberg también quiere ser un techbro. Es una noticia muy agria que Meta abandone el sistema de verificación de contenidos profesional que implementaron en 2016, precisamente por el impacto que tuvieron las redes sociales en la campaña electoral estadounidense. Hoy Zuckerberg tiene varias razones económicas y políticas para bailarle el agua al mismo señor al que le cerraron la cuenta tras el asalto al Capitolio de 2021. La medida forma parte del baile de noviazgo al próximo inquilino de la Casa Blanca. En otro compás, también incorpora a la compañía a nuevos directivos alineados con Trump, como es el caso de Dana White.
Zuckerberg hace tiempo que se ha especializado en ganarse las algarrobas sin enemistarse con los poderes políticos y económicos. De hecho, del sistema de verificación que ahora cancelan, ya preveía prácticas de excepción para determinados políticos, celebridades y periodistas de renombre, a fin de evitar la retirada precoz de contenidos de estos perfiles protegidos. Esto, que se conoce como whitelisting (listas blancas) lo descubrimos en 2021, en los documentos filtrados por Frances Haugen. Otro ejemplo, lo leíamos en el Financial Times esta semana: los mayores anunciantes gozaban de mayor laxitud en la revisión de los contenidos. Tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta que la mayor parte de los ingresos de Meta proceden precisamente del marketing digital. Es exactamente lo de no morder la mano que te da de comer.
Aun así, en el comunicado del martes, el CEO de Meta justificaba la retirada del sistema de verificación por sesgado. Le faltaba decir también que así reducen costes, se ahorran las complicaciones de verificar contenidos generados con IA y siguen alimentando la idea de que las redes sociales no son responsables del contenido que circula por ellas. El problema es que todo esto no va de desinformación, ni siquiera de promover la libertad de expresión. Como dice Maria Ressa, premio Nobel y periodista, es una cuestión de seguridad. Añado que nos juguemos la confianza y la cohesión social. Necesitamos liderazgos empresariales que no confronten la generación de riqueza con las bases democráticas de la vida en común.
El modelo de notas comunitarias en realidad nos deja a la intemperie. Por lo que hemos aprendido con X, tiene poca cobertura y no logra frenar la viralización de contenidos falsos. Uno estudio de la Red Europea de Verfificación (EFCSN) en el marco de las elecciones europeas de 2024, comprobó que prácticamente el 70% de los contenidos que fueron verificados por profesionales pasaban inadvertidos a X. Y comparando entre plataformas la diferencia es abismal: en el período entre enero y noviembre de 2024, en X se abrieron notas por 52.000 publicaciones, mientras Facebook verificó 23,3 millones de contenidos.
Si las notas de la comunidad se plantean como solución, debería asimilarse más a cómo funciona Wikipedia, con estructuras de gobernanza distribuida complejas, para garantizar que es un espacio de deliberación, d intercambio de perspectivas con sentido, y no sólo un espacio extra donde desahogarse y seguir insistiendo en la propia mirada de forma unidireccional. Porque si no, quién llega primero son los botes de ultraderecha.