¿Cómo negociar con el Estado?

El acto que reunió a la actual consejera de Economía y a tres exconsejeros celebrado el lunes en el Colegio de Economistas de Cataluña, y del cual informaba el martes este diario, fue una luz de esperanza por las coincidencias que expresaron políticos de diferentes partidos que pueden obtener mayorías amplias.

Cataluña ha salido de la negociación sobre financiación autonómica con el gobierno central con algunas promesas, pero con un coste importante: el linchamiento sufrido por el resto de comunidades autónomas, que ha ido erosionando las ganancias obtenidas. Las negociaciones catalanas con Madrid siempre están abiertas, tanto por el interés de la parte catalana como por el de las otras comunidades autónomas, que es siempre hostil, especialmente cuanto más ganan. Esta necesidad de sometimiento de Cataluña es agotadora. Envididiamos siempre la capacidad y la posibilidad de los partidos vascos de hacer negociaciones tan ambiciosas o más, con gran discreción y con unos resultados que no sean discutidos en España. Se ven como inevitables, todo lo contrario de lo que pasa con Cataluña, donde siempre se corre el peligro de que lo que se ha ganado se consolide para todos, cosa que perpetúa el agravio catalán y su déficit fiscal.

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La coincidencia de puntos de vista entre la actual consejera, Alícia Romero, y los consejeros Antoni Castells, Jaume Giró y Natàlia Mas, que venían a representar una amplia mayoría del actual Parlamento y, en general, de los anteriores Parlamentos de Cataluña, fue reconfortante, pero lleva a reflexionar sobre por qué no conseguimos mejores resultados en nuestra relación con el Estado. Causas hay muchas y son bien conocidas. Recordemos que Cataluña ha perdido todos los enfrentamientos que históricamente ha tenido con el Estado, mientras que Euskadi ha conseguido tratados de paz explícitos o implícitos que han dejado un legado de especificidad institucional y de autogobierno que envidiamos mucho desde Cataluña.

Propongo algunos puntos en los que se podría construir una fuerte sintonía entre los partidos que estaban representados indirectamente en la mesa redonda del CEC.

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Negociar siempre que la aritmética del Congreso de los Diputados lo permita. No repetir los errores que llevaron a la retracción catalana en otoño de 2010, al aislamiento catalán después de las dos elecciones de 2015 y 2016 y a la oportunidad de la negociación presupuestaria de 2019. Ocasiones ampliamente aprovechadas por los partidos vascos.Hacer crecer siempre la dotación de plazas de los cuerpos superiores de la Generalitat: inspectores de Hacienda, abogados de la Generalitat, interventores y técnicos superiores en general. La Generalitat sufre una permanente carencia de personal de estos cuerpos, ya que prioriza siempre la contratación de personal para los servicios públicos finalistas y olvida el reforzamiento de los cuerpos superiores, cosa que genera una notable debilidad técnica en los momentos críticos de las negociaciones (Madrid siempre es más fuerte) y para emprender proyectos nuevos, como la ampliación del ATC, por ejemplo –pero no solo.Seleccionar siempre conjuntamente las inversiones a negociar con el Estado, ya sean Cercanías, aeropuerto, autopistas u otras infraestructuras. La negociación no se puede hacer si hay divisiones internas insuperables. Mi prioridad sería Cercanías, para otros el aeropuerto, pero lo que hace falta, por encima de todo, son consensos sobre las prioridades. Buscar, siempre que se negocie públicamente, el apoyo y complicidad de otras comunidades autónomas. Esto puede ser efectivo cuando se trata de tener en cuenta los costes del turismo (las externalidades negativas de las cuales tanto hablamos) en los modelos de financiación autonómica. Probablemente las comunidades autónomas no turísticas deben ver el turismo con gran envidia, pero las comunidades turísticas juntas pueden hacer mucho para combatir este prejuicio y hacer valer los enormes costes no financiados que padecen, además de la reducción del nivel de vida (tendencia a la reducción del PIB per cápita).Buscar el apoyo de otras comunidades autónomas –no siempre las mismas– que tienen paridades de poder adquisitivo (PPA) más altas que la media del Estado. Como esta particularidad tan central en la utilización de recursos públicos no queda recogida en los modelos de financiación autonómica, los ingresos nominales obtenidos valen menos que los que obtienen las comunidades de PPA inferior a la media.Compartir siempre la autocrítica sobre las barreras que desde Cataluña mismo ponemos al crecimiento económico (PIB per cápita, no PIB), como puede ser la hostilidad a las centrales nucleares, a las energías renovables de todo tipo (solar y eólica, pero no solo), a las líneas de muy alta tensión, a la planificación de infraestructuras de transporte y, en general, a las grandes inversiones. Seguro que hay diferencias de criterios, pero cuesta de creer que no pueda haber acuerdos lo suficientemente amplios sobre cómo priorizar las grandes inversiones, cómo negociarlas con el Estado y cómo eliminar barreras de tramitación excesivas.