No hace falta que me creas, hermana

Es cierto que la actriz Elisa Mouliaá tiene derecho a acusar a un hombre de haberla acosado sexualmente. Tiene derecho, después, a echarse atrás (por la presión o por lo que sea). Y tiene derecho a acusarle de nuevo. Pero también es cierto que, cuando dice que esa noche escribió a las amigas que él le había acosado, no está hablando de una "prueba", sino en todo caso de una "impresión". Y es cierto que el juez fue maleducado con ella pero con él no lo fue menos.

Si en mi entorno una amiga, la hija, cualquier conocida, me dijera que le han violado o que ha habido un miserable que le ha manoseado o le ha hecho insinuaciones porques y en un contexto de superioridad, lo que haría sería convencerla de ir a la policía. No en una página web. Y seguro que los demás seres queridos (amigos masculinos, padre, maestros...) la convencerían de que es lo que hace falta, porque no puede ser en modo alguno, por el bien de la sociedad, que un hombre así campe libre.

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Naturalmente, alguien puede hablar de juicios paralelos hacia ella, y tendrá razón, porque yo estoy haciendo uno. Pero en casos de acoso sexual (hacia una mujer) también se hace uno, de juicio paralelo, hacia él. Entre el "Todas mienten" de Vox (un grito que nos hace enemigos furiosos) y el "Yo sí que te creo, hermana" (un grito que nos hace, a las mujeres, seres de luz inmaculados) debe haber un promedio, y ese promedio es la justicia. No, no es cierto que todas mientan, y es para coger del brazo a los que lo dicen y llevarlos a una comisaría de madrugada para que vean en qué estado llegan algunas chicas que han sufrido una agresión. Y no, no es buena idea decir a cualquiera que la crees, porque eso es tanto como considerarnos seres sin mácula. A ver si ahora va a resultar que nos toman el derecho a ser malas ya mentir.