No podemos perder ni una
Se acerca el 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y Niñas en la Ciencia, un día para pensar con ojos críticos, y también con esperanza. No porque las mujeres hagan una ciencia diferente, sino porque todavía hoy encuentran obstáculos con mayor frecuencia que sus compañeros. Los datos del informe Científicas en cifras 2025 nos ayudan a entender dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde avanzar.
En las universidades del Estado, el 57% de las personas que se gradúan son mujeres. Un éxito indiscutible. Sin embargo, su presencia se va diluyendo a medida que avanza la carrera académica. Hoy sólo hay un 27% de catedráticas, la posición más alta. La buena noticia es que, desde 2018, la tendencia es positiva y sostenida. Si se mantiene el ritmo, en 15 años puede alcanzarse la paridad en los niveles más altos, aunque en algunos ámbitos, como las ciencias médicas, el camino será más largo (55 años).
Por eso es tan importante que afloren referentes femeninos (en las redes sociales se hace muy buen trabajo en esto). Las niñas deben poder imaginarse como científicas o ingenieras sin tener que romper estereotipos por el camino. Aún hoy, sólo el 28% de las graduadas en ingeniería y arquitectura son mujeres, mientras que otros ámbitos como salud son muy feminizados. Ampliar horizontes es clave para que el talento pueda florecer donde quiera, no donde se espera.
Las desigualdades también se hacen visibles en el acceso a los recursos para investigar. La tasa de éxito de las científicas en la obtención de financiación sigue siendo 4,5 puntos inferior a la de los hombres. No, no me diga que los proyectos de las mujeres tienen menor calidad; no hay prueba alguna. Por el contrario, cada vez existen más estudios demostrando sesgos de género en los procesos de evaluación. Reconocerlo es una oportunidad para avanzar hacia un mejor sistema.
El acceso a los recursos es clave para consolidar trayectorias, liderar equipos y avanzar en igualdad de condiciones. Repensar los criterios y dinámicas de evaluación es una de las palancas más potentes para acelerar el cambio que ya está en marcha.
Detrás de cada porcentaje hay chicas brillantes que dudan si su pasión por las matemáticas o la programación es "para ellas", investigadoras que combinan búsqueda de alto nivel con responsabilidades de cuidado invisibles, científicas que perseveran, a pesar de tener que demostrar una y otra vez su mérito. Y también hay muchas mujeres que abren camino y hacen posible que las que vienen detrás lo tengan algo más fácil.
No es sólo un problema de equidad, sino de inteligencia colectiva. Cada vocación científica que se pierde es una oportunidad que la sociedad deja escapar. Se necesita diversidad de miradas y la ciencia del futuro no puede prescindir de ellas.
Este 11-F reafirmamos el compromiso con un cambio estructural que ya ha comenzado. Animamos a las niñas a soñar sin límites y las mujeres a no desfallecer. Los datos de 2025 nos muestran progreso; ahora es necesario mantener la ambición para acelerarlo. Porque la ciencia necesita todo el talento. Y el futuro, también.