No eran los salarios
La prepotencia, la displicencia y la soberbia son herramientas pésimas en cualquier negociación. Pueden dar una falsa sensación de seguridad, pero a menudo se vuelven en contra de quien las usa. Se lo pueden aplicar las dos Generalidades, la catalana y la valenciana, en el pulso que mantienen con los docentes. También —en el caso de Cataluña— unos sindicatos que se creían tener una representatividad del colectivo docente que ha quedado demostrado que no tenían. Vale también para los periodistas que presentan un derecho civil fundamental —el derecho de huelga— poco menos que como un acto antisocial. Todos —ciertos políticos, ciertos sindicatos, ciertos periodistas— han caído en el error de dar por hecho que la fuerte, profunda movilización de los docentes de la escuela pública y en catalán (dos cosas que van juntas) se reducía a una subida de salarios. Hay variables que cierta gente con poder no tiene en cuenta porque las desconoce. Por ejemplo, la vocación de servicio público. Por ejemplo, la dignidad.Sea como sea, la reactivación de las protestas en Cataluña, y el mantenimiento de la huelga indefinida en el País Valenciano, han roto los esquemas de los gobernantes a los cuales, en primera instancia, van dirigidas las reivindicaciones de maestros y profesores. Unos esquemas frágiles e inconsistentes, como lo demuestra el hecho de que los gobernantes en cuestión —la consejera Niubó en Cataluña, el presidente Pérez Llorca en el País Valenciano— han caído en el error de decir, o insinuar, que los docentes buscaban en realidad “otros objetivos” que los que en teoría los habían llevado a la huelga. Unos objetivos ocultos, encubiertos, inconfesados. Quién sabe si inconfesables.Pérez Llorca, que como sucesor del infausto Mazón es un bocazas y un temerario, acusó a los docentes de hacer una huelga que tenía “un componente político”: la huelga —con su correspondiente pérdida de empleo y salario, ya que les gusta hablar de salarios— es siempre uno de los actos más profundamente políticos que un ciudadano puede llevar a cabo en democracia, un acto tan comprometido, consciente y decisivo como el voto. Por supuesto que una huelga tiene “un componente político”. Niubó, por su parte, hablaba de esos “otros objetivos” sospechosos, como si lo que de verdad quisieran los docentes fuera desestabilizar el gobierno. Equivocar al adversario y sus objetivos es un error fatal.De las tareas que corresponden hacer a quienes asumen responsabilidades de gobierno, pocas —o ninguna— son más importantes que cuidar las pensiones, la sanidad y la escuela públicas, que en el caso de Cataluña, el País Valenciano y las Baleares son en catalán (hay que aplaudir también el gesto de los docentes de las Baleares, que han donado cien mil euros de su caja común en apoyo de los compañeros valencianos y catalanes). En la escuela pública se han acumulado muchos años de malas decisiones, abandonos, incumplimientos y maniobras de manipulación partidista y/o ideológica. Unas élites inteligentes y audaces verían una oportunidad de arremangarse y lucirse con un buen trabajo planteado a corto, medio y largo plazo. Unas mediocres ven una guerra contra un enemigo que les parece incomprensible.