Está pasando, lo estás viendo

En su inocencia infantil, una criatura que solía ver los telediarios (no lo entendía todo, pero le fascinaban el directo, las imágenes y los corresponsales) preguntó cómo se las apañarían en la televisión para emitir el informativo el día que no pasara nada. Unas décadas después, todavía recuerda la impresión que le causó la respuesta: “De noticias habrá cada día porque el mundo es muy grande y siempre pasan cosas. De hecho, hoy mismo podrían haber explicado muchas más de las que han dicho”.

Puedo asegurar que Ted Turner no oyó esa conversación, pero la idea de la CNN era esa: siempre pasan cosas, y las puedes explicar continuamente.

Ahora, para que el negocio gane dinero, tienes que tener la suerte de una noticia de alcance mundial, como la primera Guerra del Golfo, en 1991, considerada como la primera guerra transmitida en directo a todo el mundo, de la cual la CNN hizo una cobertura tan buena que el presidente Bush padre dijo: “Me entero más de lo que pasa por la CNN que por la CIA”.

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Pero las elecciones presidenciales son cada cuatro años y de pandemias ha habido dos en un siglo, o sea que siempre pasan cosas, pero algunas son más interesantes que otras y los índices de audiencia se resienten.

Y después está la cuestión del sesgo: cuando Fox News descubrió el negocio de los telepredicadores políticos, que se indignaban con Obama y adoraban a Trump, la CNN empezó a quedar como un canal sin sustancia. Hoy, igual que la CNN hizo entrar las noticias en una nueva era, las redes sociales actúan como el nuevo 24/7 y sin necesidad de pagar una suscripción. Y los creadores de contenido están creando marcas más poderosas que las cadenas de siempre. Ted Turner, un tipo capaz de lo peor y de dar millones de dólares a la ONU, murió ayer, con un lugar indiscutible en la historia de la comunicación.