Las perlas y los perlas

Se reúnen los del G-7, que suena a jabón potente, en Évian, que es de donde sale el agua mineral del mismo nombre. Pero los representantes de los países de las economías capitalistas que se llevan el trozo más gordo del pastel no creo que hagan esta asociación porque no me los imagino en el supermercado. Comprando en el súper solo te podías encontrar a la Merkel, pero de eso ya hace mucho tiempo, y por eso se la echa tanto de menos. Entre otras cosas, y con todas las desavenencias ideológicas pertinentes. Los líderes del G-7 hacen estas reuniones obscenas, las llaman informales, donde ahora solo falta Donald Trump entrando sin ninguna gracia y haciendo ver que bromea diciendo: I’m the boss. Y el resto, claro, aplauden al boss como han hecho los listillos de toda la vida. Pero se entiende, pobre gente, ¿qué van a hacer? Trump es un hombre que celebra su cumpleaños a hostias. Lo sorprendente (y supongo que afortunadamente) es que justamente nos siga sorprendiendo. ¡Qué mundo se debe haber creado durante tantos siglos para que esta clase de personajes acaben decidiendo el destino de la humanidad! ¡Qué seguridad se les ha ido traspasando para que sientan que pueden hacer y deshacer a placer a costa de vidas humanas! Y qué miedo se nos ha dado de herencia. Se hace larguísima. Suerte que el Mundial de fútbol masculino nos hermana. Aunque también se haga largo.

Mientras los líderes de los países más ricos del mundo nos continúan generando la seguridad de siempre, un exlíder aficionado a la joyería pide confianza a la ciudadanía. Zapatero, después de un mes de silencio, cómo pasa el tiempo, ha asegurado en un comunicado que “nos costará más o menos tiempo demostrarlo, pero la verdad se abrirá paso y devolveré la confianza a quien ahora duda”.Hay tantas verdades que se tienen que abrir paso que si lo hacen todas de golpe moriremos ahogados. Espero que alguien lo controle y nos las vaya dosificando.No lo espero, perdón. Lo deseo. Pero a mí esto de que Zapatero haya hecho una declaración de más de tres horas ante el juez y no haya querido hablar del tema de las joyas solo me activa la desconfianza porque, sinceramente, lo más interesante que aporta este caso de corrupción son las joyas. Porque de los casos de corrupción perdemos la cuenta y solo retenemos que uno ya es demasiado, pero ahora que este ha abierto la puerta a la fantasía y al brillo, resulta que no nos entretendremos en ello. ¿Pero de qué demonios ha hablado durante estas tres horas? Zapatero, para recuperar la confianza, que para recuperarla deberíamos haberla tenido, tenemos que saber qué hacían un centenar de joyas en la caja fuerte de tu despacho, con qué epígrafe del IAE trabajas para tenerlas en el trabajo y cuál es esta afición socialista desconocida. Si todo ello no tiene respuesta, no hay confianza. Ya puedes abrir la puerta de cualquier otra verdad, esta es la que queremos saber. ¡Que somos urracas!

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Porque este verano sea muy caluroso no harán falta los incendios que ya empiezan a asomar la cabeza. Hay tantos frentes abiertos que es difícil no marearse. Se entiende que alguien prefiera ver un Ghana contra Panamá en el Mundial. Lástima que no se aproveche para conocer un poco más las entrañas de países que no interesan nunca a nadie. En el fondo, a todos nos queda lejísimos la reunión del G-7, porque la mayoría lo seguiríamos buscando en la sección de limpieza del súper. Porque la mayoría no tenemos una caja fuerte en el despacho donde guardar las joyas. De hecho, no tenemos ni despacho. Ni caja fuerte. Ni joyas. Y la confianza la seguimos depositando en las personas, aquellas que se equivocan como nosotros, y aun así no siempre pondríamos la mano en el fuego. Ni ahora, que llega San Juan y ni así se quema lo que se tiene que quemar.