¿Dónde pondremos el Clínic?

Ya antes de la pandemia sabíamos que la planta física de algunos de nuestros hospitales no estaba en condiciones de afrontar bien el siglo XXI. Las limitaciones fiscales hijas de las crisis de 2008 y del euro nos obligaron a posponer planes de renovación. La pandemia los devolverá a la orden del día y, con el permiso europeo, los hará fiscalmente posibles. También la experiencia hará que los diseñemos de una manera ajustada a las nuevas necesidades. En este sentido, del retraso podemos sacar ventaja. Pero ahora nos tenemos que poner a ello: el periodo de tolerancia fiscal, de disponibilidad de fondos europeos y de propensiones keynesianas puede no ser muy largo. Se tiene que aprovechar la ventana de oportunidad.

El Clínic me preocupa. Es una institución emblemática, de merecida reputación y de gran reconocimiento internacional. Está plenamente consensuado que necesita una renovación a fondo. Pero no pasamos de esto. No hemos cerrado todavía una cuestión tan previa como dónde situaremos el nuevo Clínic. El Clínic está ligado a la izquierda del Eixample, el área sanitaria a la que da cobertura básica. La idea de segregar y separar la atención más compleja y de referencia el hospital no la puede aceptar. En el contexto de la izquierda del Eixample se han discutido en la prensa diversas opciones: la Escola Industrial, la Fira de Montjuïc, la Modelo. Todas estas ubicaciones comparten un problema: tratan de meter una equipación de enorme volumen en un espacio que ya tiene muchas realidades instaladas o muchos pretendientes con méritos. No son localizaciones realistas y la discusión solo conduce a la perpetuación de una incertidumbre que no nos podemos permitir.

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Dado que el mapa de una Barcelona muy densa no es una hoja en blanco, soy de la opinión que una opción a la vez realista y bastante buena es que el Clínic se reedifique donde está. Es lo que menos interfiere con lo que ya existe por la simple razón que solo interfiere consigo mismo. Rehacer un hospital que funciona puede parecer complicado. También lo es rehacer un aeropuerto en funcionamiento y se hace. Para el Clínic tendría que ser comparativamente fácil: se puede aprovechar el solar adyacente, junto al Ninot y que ya tiene asignado, para facilitar una reedificación en fases.

En esta operación todas las partes tienen que tener un mínimo de flexibilidad. El Clínic tiene que aceptar que la Escola Industrial se puede tocar poco: es una realidad muy consolidada y de gran interés patrimonial. El edificio central, por ejemplo, mantiene en el subsuelo la sala de telares de la fábrica Batlló, una obra notable del crecientemente reconocido Rafael Guastavino (sobre su obra y milagros en los EE.UU. acaban de publicarse no una sino dos biografías noveladas, de Andrés Barba y de Javier Mora). La Diputació tendría que confirmar que, efectivamente, este edificio, hoy desocupado, puede acoger unidades de investigación del Clínic. El Ayuntamiento tendría que reubicar a una equipación de bomberos que en los planes actuales ocuparía parte de los espacios del solar adyacente. Haría falta también que Ayuntamiento y vecinos facilitaran ajustamientos urbanísticos. Por ejemplo, un aumento modesto de la edificabilidad actual.

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¿Bastará? Si lo pensamos en términos dinámicos, la respuesta es que sí. Por “términos dinámicos” quiero decir lo que he visto en el tejido urbano de Boston. A lo largo de las décadas el Mass General se ha ido extendiendo como una mancha de aceite y a la vez atrayendo otras instituciones sanitarias. Su presencia ha acabado marcando el carácter de su barrio. Para el Clínic el mismo proceso ya está muy vivo. El edificio principal ha generado satélites en la proximidad (el de visitas externas, el Centro Koplowitz, el que se dedicará a innovación en la calle Urgell, etc.). También tenemos entes independientes que se han situado a su lado (el Hospital Sagrat Cor). Ninguno de estos se moverá. Se trata, pues, de aceptar y continuar la tendencia histórica. Extirpar el Clínic del barrio no es necesario y podría ser contraproducente. Ha definido el barrio, que lo ha adoptado, y lo puede continuar haciendo sin perjuicio de su excelencia. En edificios nuevos y modernos, pero no hace falta que sea en un único megaedificio. En su planificación actual el Clínic querría llegar a unos 300.000 m edificables. Una cifra muy grande pero no una barbaridad porque ahora ya cuenta, con el edificio histórico y los satélites, con unos 240.000 m. Es la gran ventaja de no tener que cambiar de sitio. Los 60.000 m que quizás le faltan se pueden conseguir con las operaciones de flexibilidad que he mencionado antes. Y con otras que irán surgiendo y que se pueden intuir en el mapa. Todo ello es factible y, aquí y ahora, diría que es óptimo. Manos a la obra.