Financiación y catalanofobia
En la asepsia del laboratorio, la afirmación de que un sistema de financiación pensado para 15 beneficiarios no se puede negociar sólo con uno tiene algún sentido. En la vida real, la vida es así y no la hemos inventado nosotros, que habría dicho Sandro Giacobbe.
No hemos inventado nosotros que el Estado no destine una cantidad justa a financiar servicios esenciales y caros que prestan las autonomías como son la sanidad, la educación y los servicios sociales. Aunque una estructura de financiación tan importante como ésta dependa de si el gobierno español de turno tiene mayoría absoluta o necesita los votos de Catalunya. O que el sistema pueda estar caducado un montón de años y que su renovación no tenga plazos inescapables como sí tienen los impuestos que pagamos. Y tampoco hemos inventado nosotros que la negociación política sea presentada como la herencia fenicia de los catalanes.
En cambio, lo que sí hemos inventado nosotros es el concepto de autonomía dentro del estado español. Y, por tanto, a todos estos socialistas y populares españoles que se atreven a decir lo de "champán y caviar" para los catalanes y "menú del día" para el resto, debemos preguntarles por qué creen que gozan de autonomía. ¿Salió de un deseo de las quince o fue cosa de dos? Que Catalunya y País Vasco fueran al frente de la reclamación de autogobierno no parece que les impidiera sumarse a las demás.
El anticatalanismo es secular, constitutivo de la identidad española. Ha sido la expresión social y políticamente aceptada de una catalanofobia latente que ahora ya se ha normalizado públicamente. Solo desde la catalanofobia se puede hablar de "champán y caviar" para Catalunya y "menú del día sin postre" para el resto, como ha hecho la consejera de Hacienda de Andalucía, Carolina España, que de puertas adentro piensa cómo se lo hará para renunciar a más de 4.800 millones que le ha negociado otro.