El presidente de EEUU, Donald Trump, este lunes a bordo del Air Force One
19/03/2026
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"Puedo hacer lo que quiera con Cuba", dice Donald Trump, en un murmullo arrastrado, después de medio hilvanar unas cuantas frases casi inconexas ("Creo que tendré... el honor de tomar Cuba... ya sea liberarla, tomarla... a decir verdad, creo que puedo hacer lo que quiera con Cuba"). Lo dijo sentado en su escritorio del Despacho Oval, que, junto al Air Force One, el avión presidencial, son dos de las localizaciones preferidas del paquidermo naranja para sus puestas en escena. Conviene no olvidar que Trump fogueó su imagen pública haciendo televisión basura durante un buen número de años y que sigue aplicando los códigos al dedillo. Otra cuestión es la calidad de los mensajes: frases inacabadas, pausas que no vienen a cuento, repeticiones. "Creo que podríamos volver a bombardear la isla de Jarg por diversión". Son mensajes que quieren ser amenazadores, intimidadores, pero que también dan la impresión de ser dichos por alguien que no está todo.

Trump repapieja? ¿Su mente se debilita como la de Joe Biden, de quien tanto se burló? El césar del año 2026, ¿el líder absoluto del imperio guiado (según Steve Bannon) por la providencia divina, va perdiendo facultades físicas y mentales? ¿Es cierto o no, que no controla bien los esfínteres? El control que seguro ha perdido es el de la tercera guerra del Golfo: Irán mantiene el cierre parcial del estrecho de Ormuz, la alianza internacional que Trump exigía no ha sido secundada ni por Europa ni por sus supuestos aliados en la zona, el instigador de la guerra -Israel- ha iniciado otra guerra en Líbano sin encomienda arrasada como en los años ochenta, la amenaza de la inflación y la retracción económica es algo más que un fantasma que recorre Europa, e incluso un fanático MAGA como Joe Kent —hasta esta semana jefe de la inteligencia antiterrorista en EEUU— dimite proclamando que Irán no era ninguna amenaza para EEUU y que si le van Israel para ello. Con relación a su labor en antiterrorismo, cabe recordar que Kent era firme partidario de trabajar con nazis y Proud Boys y que apoyó a los asaltantes del Capitolio del 6 de enero de 2021, por lo que ahora él, como voz disidente, habrá entrado a formar parte de las amenazas terroristas que hay que combatir por el bien de la pan.

Sea cual sea el estado de salud de Trump, sus alocuciones dispersas y caprichosas, combinadas con las soflamas de su secretario de Guerra Pete Hegseth, que habla de fuego y destrucción como si fuera el niño rabioso del parvulario, no dan en modo alguno la imagen de un poder que las suya las de sus poderes. Lo que se transmite desde el Despacho Oval y el Air Force One es más bien una constante huida hacia adelante hacia ninguna parte, que encadena golpes de efecto en forma de invasiones y amenazas, que ya tiene un coste intolerable en vidas humanas y en destrucción del medioambiente, y que flirtea constantemente con la tentación.

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