Caviar y champagne para Carolina España
La consejera de Hacienda de Andalucía, Carolina España, ha resumido el nuevo modelo de financiación que ha presentado la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con unas palabras gastronómicas tan elocuentes como su apellido: "Montero quiere champán y caviar para el independentismo", ha dicho, mientras que en el resto del menú que es peor, es un menú precocinado por el independentismo". Si esto fuera así, y siguiendo con el símil, los vascos tienen una sociedad gastronómica y los madrileños un bufete libre, de esos donde, si no te comes todo lo que pides, te amenazan con hacerte pagar, para que te moderes.
Detengámonos un momento en la dieta que considera para nosotros. Un cliché pasado de moda en todos los sentidos. Champán? Como española debería pensar que justamente sería mejor cava, Corpinnat, clásico Penedès. ¿O es que se piensa, aún, que el champán es bueno y lo que no es champán duele la cabeza? ¿Caviar? De acuerdo que en el Vall d'Aran se crían esturiones y, por tanto, hay caviar nostrat (buenísimo), pero lo que tocaría, para excitarnos, es que hablara, por ejemplo, de trufa.
Un menú del día, si está bien hecho, no tiene por qué ser peor, ni más de pobre, que el champán y el caviar. Una ensalada de kilómetro cero, unas alcachofas de El Prat, y una carne a la brasa o un pescado, como los que hacen en su preciosa tierra, en elespeto, por ejemplo, son un lujo comparable a lo que describe. Lo del postre va a gustos. A mí siempre me gusta más acabar con queso, ya menudo, si hay tarta, prefiero el cortado. "Precocinado", dice. Quiere decir, entiendo, de "quinta gama". Todos los cocinados de restaurante se precocinan. Lo importante es precocinar con amor.