El precio del clic

Últimamente, estamos viendo noticias de bastantes expedientes de regulación de empleo: H&M negocia la salida de 106 personas; Nestlé ha planteado un ERE de varios cientos de trabajadores; Telefónica cerró hace unos meses otro proceso de bajas masivo.

Lo que sorprende es que la economía va bien. España, aunque con menos fuerza que hace unos años, todavía crece. El PIB aguanta. La inflación la vamos controlando. El consumo resiste. Los restaurantes están llenos. Los aeropuertos, también. La gente sigue comprando. ¿Por qué, entonces, tantos ERE?

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Ahí aparece Amazon. Y no solo Amazon, claro. Pero Amazon resume mejor que nadie el porqué de despidos masivos en un entorno de economía que no está en crisis.

En 2024 superó los 8.000 millones de euros de ventas brutas en España. Es medio punto de PIB, una barbaridad. El dato general de comercio electrónico es, sin embargo, engañoso. Se habla de una de cada diez compras. Pero en ciertos sectores, se ha disparado. Por ejemplo, en moda, casi el 25% de las compras de ropa ya se hace por Internet.

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Ahí se entiende mejor lo que está sucediendo en el empleo. Las tiendas de moda, por ejemplo, no compiten contra la tienda de al lado o la otra marca. Lo hacen, además, contra el sofá de casa, el móvil en la mano, las ganas de darte una alegría y, sobre todo, una devolución sin explicaciones ni colas en la caja.

En economía manejamos un concepto: fricción. En consumo, la fricción es tener que salir de casa, desplazarte hasta la tienda, comparar y buscar, buscar los probadores, esperar tu turno, probarte la ropa, hacer cola en la caja, cargar las bolsas... Si algo salía mal, tenías que regresar y discutir.

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Ahora todo eso se hace en varios clics. Un clic. Otro clic. En unos doce clics, tienes el producto. Entrega al día siguiente a domicilio y devolución fácil si no es lo que esperabas. La fricción es ínfima: el consumidor apenas tiene obstáculos.

Palabra de honor: esta semana, un colega me dijo que a las cinco de la mañana se despertó sin sueño, cogió el móvil y se compró una camiseta de Bad Bunny. Era martes, no fin de semana.

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Algunos ERE se entienden mejor desde ahí. El empleo se desplaza. Menos población en mostrador y más en almacén; menos en la caja y más programando algoritmos; menos dependientes y más repartidores...

Comprar por la tarde y recibir al día siguiente un producto situado quizá a 600 kilómetros exige datos, predicción, automatización, rutas, almacenes inteligentes y sistemas capaces de anticipar la demanda. ¡Eso es también IA!

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El tema no es la tecnología, sino cómo esta modifica hábitos sociales.