El rompecabezas en las aulas

En las aulas, hoy, hay retos, o rompecabezas, diferentes. Estos retos y rompecabezas diferentes necesitan soluciones y maneras de resolver diferentes.

—En el mundo hace más calor y en el Mediterráneo, más. Antes, tener aire acondicionado era de “flojo” y de “nuevorico”. Hace mucho tiempo que no es así, hasta el punto de que en Londres, en el metro, no había y ahora corren a ponerlo. En las aulas también tiene que haber, de la misma manera que tiene que haber calefacción: no se nos ocurriría decir que los bebés (o los grandullones) tienen que venir con gorro y guantes de casa.

—Cataluña ha acogido una gran llegada de inmigración. La diversidad (esta palabra lamida y sudada) es demasiado inmensa para una sola aula de acogida. Un niño que no habla catalán (ni castellano) aprenderá en un año en la escuela pública, como he podido comprobar con algunas amigas de mi hija cuando era pequeña. Pero diez niños que no hablan catalán o que tienen planes individuales no pueden ser atendidos en una clase con un solo maestro, que si dedicara seis minutos a cada plan individual (menos que una visita al médico) gastaría toda la hora y no podría atender ni a unos ni a otros.

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—Se bromea (una broma interesada) sobre los maestros de antes como seres autoritarios y aburridos, pero los maestros que tuvo mi generación eran maestros vocacionales, inteligentes, sabios, amigos, descubridores. En mi corazón están Joan Ruiz Calonja, Quim Sabé, la señorita Isabel, Manuel Fuentes, Rosa Ribas y Jaume Dantí, Rere Grau, Montse Bassa... Degradando a aquellos maestros “por autoritarios” no ensalzamos a los de hoy, algunos —los hemos visto en la tele— hiperemotivos.

—Algunos sociólogos, psicólogos, pedagogos que hablan en la tele analizan lo que pasa en las aulas como un problema de motivación que maestros y padres no saben resolver. Ignoran que la falta de comprensión lectora viene de muchos lados. De las pantallas, también de la falta de recursos para enseñar a toda prisa el idioma a los niños y niñas recién llegados. Ignoran que los alumnos no son todos seres de luz.

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—Los padres antes decían: “Si le tiene que pegar, péguele”. Ahora escriben notas al tutor con emoticonos, lloran si el niño suspende y amenazan con marcharse. No se sienten usuarios; se sienten clientes.