Los trabajos que nadie quiere y tú sí

Leyendo la entrevista a Pilar Calvo en el diario, me encuentro con una frase, dicha por ella, que, con variaciones, dicen muchos políticos y ciudadanos razonables: “No decimos que no vengan los inmigrantes, que son necesarios para cubrir muchos puestos de trabajo, sino que se haga de manera ordenada”.

Deben venir inmigrantes para cubrir puestos de trabajo que nosotros no queremos hacer. La idea es esta. Y ya entiendo que es cierta. Que hay trabajos, como el de aguantar el stop en la carretera, bajo el sol, mientras trabajan con la hormigonera, que los autóctonos no queremos. Y quizás tampoco queremos hacer el trabajo derivado de la primera, que es el de recoger las latas de refresco tiradas en los márgenes por parte de los del stop. Pero a mí esta idea me incomoda y tampoco me parece deseable. ¿Por qué hemos de querer los inmigrantes? ¿Para que hagan trabajos de mierda? Hombre, no, no soy tan mezquina. ¿Y si las quisiéramos nosotros, entonces ya no los querríamos?

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Entonces hay otra cuestión, que he visto. En el sector de la construcción, por ejemplo entre los no cualificados, en las cocinas, en las fábricas que hay que vigilar, hay inmigrantes y también autóctonos. Los inmigrantes, ya lo sabemos, hacen estos trabajos porque no hay otros o porque ahorran para la licencia del taxi. Los autóctonos los hacen porque no han encontrado nada más o porque los padres se los han enviado. La sensación de los autóctonos suele ser de rabia hacia el otro que hace el trabajo que nadie quiere hacer, como ellos mismos. Para no parecer unos desgraciados, como ellos, se muestran como milhombres y para hacerse pasar la humillación hacen proclamas fachas de vez en cuando.