Trump, una presidencia aceitosa
The f-word (“la palabra efa”) es el eufemismo con el que en inglés se refieren al vocablo fuck, que sin duda es la palabrota —o la palabrota, o la blasfemia— más popular en esta lengua y la piedra de toque de todos sus registros vulgares. Se puede traducir por mierda, cojones, puta (la variante puto, muy extendida últimamente, es un castellanismo) y todavía una serie más de posibilidades, según el contexto de la frase.A Trump le gusta usar la f-word y sus derivadoscuando quiere hacerse el duro y el incorrecto. Este domingo la utilizó contra Netanyahu, porque el primer ministro israelí estuvo a punto de desbaratar, una vez más, con un nuevo bombardeo sobre Beirut, el acuerdo entre los EUA y el Irán para detener la guerra y abrir el estrecho de Ormuz. Trump se lamentaba en una entrevista por teléfono al digital Axios: “Why did Bibi have to do a fucking attack? I was so pissed off. I let him know. He has no fucking judgement” (“¿Por qué Bibi tuvo que hacer un ataque de mierda? Me enfadé mucho. Se lo hice saber. No tiene juicio, cojones”). Trump le dice Bibi a Benjamin Netanyahu porque en el fondo hay una estima. La degradación del lenguaje, la normalización dentro de la política del lenguaje soez, es, no dudéis, otra táctica y herramienta de la extrema derecha: hacen pasar como un signo de pretendida “autenticidad” lo que no es más que un empobrecimiento y embrutecimiento del debate público. Esto conviene a los populistas, nunca a los demócratas.El caso es que el acuerdo de Trump con el régimen de los ayatolás —aún pendiente de firma, el viernes en Suiza— pende del hilo de las intenciones y las maniobras de Israel contra el Líbano, que el jefe del estado mayor del ejército israelí, Eyal Zamir, confirma como “la principal prioridad estratégica” de su país, como podéis leer en la información de Ethel Bonet y Núria Vila Masclans en este diario. Trump había anunciado este acuerdo como inminente en una multitud de ocasiones y, al final, ha conseguido un acuerdo preliminar en el que debe presentar como gran triunfo haber conseguido que se vuelva a abrir el estrecho de Ormuz, que no se habría cerrado si él y Netanyahu no hubieran empezado una guerra ilegal (una más) contra Irán. Han conseguido volver al punto en que se encontraban las cosas antes del día 28 de febrero, cuando lanzaron el primer ataque contra Teherán. Eso sí: con un saldo de miles de muertos y con una crisis energética, económica y financiera mundial a punto de desencadenarse a consecuencia de la brillante maniobra de estos especuladores de la geopolítica.Trump, sin embargo, tiene que presentarlo como un éxito, y por eso lo celebró con un tuit en su red, Truth Social, que decía: "Let the oil flow!"(“¡Que fluya el petróleo!”). La presidencia de Trump, en efecto, se está convirtiendo en una sucesión de invasiones, guerras y golpes de estado con el propósito de robar las reservas petrolíferas de otros países. ¿O quizás se refería al aceite con que se untan los luchadores de lucha libre que han actuado en la Casa Blanca para celebrar su ochenta aniversario. Sea como sea, un presidente bien aceitoso.