UE y EE. UU.: ¿volverá a ser lo mismo?

Me planteo hace tiempo qué ocurrirá entre Europa y Estados Unidos cuando, algún día, Donald Trump deje la Casa Blanca.

Si gana un presidente demócrata, ¿volverán las relaciones transatlánticas al punto anterior? Probablemente mejorarán. Regresarán los buenos modales, la coordinación diplomática y el reconocimiento de los aliados. Pero no creo que volvamos al lugar del que partimos.

Un futuro presidente podrá reparar la relación con Europa, pero no restaurar la confianza anterior. Trump no ha propiciado necesariamente el final de la alianza atlántica. Pero sí el final de la dependencia europea basada en la certeza de que Estados Unidos siempre estaría ahí.

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El daño verdaderamente difícil de reparar no está en los aranceles, los acuerdos militares o una determinada posición sobre Ucrania. Todo eso puede modificarse mediante decretos, tratados y decisiones presupuestarias. Lo irreversible es el descubrimiento europeo de que la política estadounidense puede girar ciento ochenta grados cada cuatro años.

Europa ya no desconfía solamente de Trump. Desconfía de Estados Unidos. Trump ha sido elegido dos veces y sus posiciones cuentan con una base social importante. Aunque llegue un presidente demócrata y recomponga las relaciones, nadie podrá asegurar que cuatro años después no regrese alguien parecido.

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Por otro lado, la opinión pública ya ha cambiado. Una encuesta difundida por Reuters indica que solo el 11% de los europeos de quince países considera actualmente a Estados Unidos un aliado. En 2024 eran el 22%. Otro estudio de la Fundación Bertelsmann señala que el 73% de los ciudadanos de la Unión Europea cree que deberíamos seguir nuestro propio camino. Las relaciones entre países dependen de los gobiernos, pero también de lo que sus ciudadanos sienten hacia los demás.

La desconfianza ha producido ya decisiones irreversibles. Europa está aumentando su gasto militar, desarrollando una industria propia de defensa y buscando reducir sus dependencias estratégicas. Una vez realizadas esas inversiones, Europa no tendrá razones para deshacerlas, ni ningún futuro presidente estadounidense podrá exigirle que vuelva a confiar como antes.

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Pero es que incluso los demócratas han cambiado. Siguen defendiendo la OTAN y la relación atlántica, pero también exigen que los europeos asuman una parte mayor de su defensa. El European Council on Foreign Relations advierte de que el vínculo histórico con Europa se ha debilitado también dentro del Partido Demócrata. Trump ha acelerado el proceso, pero no lo ha inventado por completo.

La cooperación continuará. Estados Unidos y Europa seguirán comerciando, compartiendo inteligencia y colaborando militarmente. Sin embargo, ya no será una relación basada en la seguridad de una protección incondicional, sino en la conveniencia de cada momento.