'Viva la Virgen de Monteserrado, la Morenita'
Miriam Nogueras, de Junts, aprovechó el saludo, como política, al Papa, para conminarle a usar el catalán en los actos de la Sagrada Familia. Entonces, Gabriel Rufián, de Esquerra, hizo un tuit, en castellano, que decía: “Se viene turra. Un acto absolutamente anodino y vacío de contenido va a llenar durante días los digitales y tertulias del circuito mediático catalán. Nacionalismo banal pero efectivo. Luego a votar con PP y Vox, eso sí. Puro secuestro mental convergente”. Y hete aquí que el portavoz del Partido Popular en el Parlament, Juan Fernández, “ha cargado contra el independentismo para exigir al pontífice que defienda el catalán y le ha culpado del «fracaso de las políticas lingüísticas»" (el independentismo, no el Papa, pobre hombre de Dios).
Sinceramente. Hasta las narices de todos juntos. A mí me pareció correcto lo que hizo Nogueras, y el único reproche que le hago es que lo tendría que haber dicho en latín. Considero del todo fuera de lugar el tuit de Gabriel Rufián, y muy maleducado hablar de “nacionalismo banal”, porque no acabo de ver cómo es el otro nacionalismo, si es que existe. Quizás deba ser trascendente. La frase del señor del PP es simplemente una de aquellas que te hacen en Grok cuando no quieres pensar mucho y toca hablar.
En un mundo políticamente ideal, Gabriel Rufián habría dicho que aplaudía el gesto de su rival y Juan Fernández no habría dicho nada, porque solo faltaría que el Papa no hablara la lengua de mossèn Cinto en la Sagrada Familia y en Montserrat, ante la Moreneta. Pero no estamos en un mundo ideal. Estamos en Cataluña, y arreglar las diferencias entre independentistas –o lo que sea que son– es un milagro que no está al alcance ni del Espíritu Santo.