Cataluña, en manos del PSOE

BarcelonaSi hay algo que define el acuerdo de presupuestos entre ERC y el PSC es que su cumplimiento dependerá básicamente del gobierno español. En concreto, del hecho de que el PSOE continúe en la Moncloa. La línea de tren orbital, que debería financiar el ministerio correspondiente; el consorcio de inversiones para que Cataluña tenga capacidad de decisión; el cambio de estatutos en el Consorcio de la Zona Franca; la cogestión de los aeropuertos y, evidentemente, el traspaso del IRPF o la aprobación de un nuevo modelo de financiación autonómico.

Los socialistas catalanes preferían no tener que implicar al PSOE en la negociación y limitarla a un acuerdo presupuestario clásico. Pero unos millones más en sanidad, en educación o en la protección de la lengua catalana no eran suficiente bandera para que ERC pudiera presentarse como un socio exigente. El acuerdo definitivo, de hecho, también tiene numerosos detractores internos que lo consideran insuficiente, como la dirección republicana ha podido comprobar los últimos días, especialmente en el consejo nacional del pasado lunes. Oriol Junqueras buscaba "ganancias de soberanía", o al menos compromisos en este sentido, y, para obtenerlos, era imprescindible implicar al gobierno de Pedro Sánchez.

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Lejos queda aquel Junqueras previo al referéndum que aseguraba de forma vehemente que "negociar con el estado español no tiene ningún sentido porque siempre incumple todos los acuerdos a los que llega". La estrategia que sigue hace años la nueva Izquierda pragmática pasa por demostrar su utilidad llegando a pactos que mejoren la autonomía catalana. Mejoras graduales para evitar que la Generalitat quede estancada asumiendo que el proyecto independentista de ruptura con el Estado no es una opción, al menos por ahora.

Cesiones de soberanía

¿Y qué han conseguido de momento? El PSOE ha demostrado que no está dispuesto a ceder soberanía completamente. Como mucho, a compartirla. Y aquí es donde entran las empresas mixtas y los órganos de cogestión. En algún momento, Rodalies debería gobernarse conjuntamente entre la Generalitat y el Estado y quizá algún día existirá un consorcio tributario como el que apunta el Estatuto no recortado. Pero cuanto más tarden en verse los efectos teóricamente positivos de esta colaboración, más difícil lo tendrá ERC para justificar la estrategia. Con Junts, la relación fue más o menos la misma, antes de que los juntaires decidieran romper relaciones estables con la Moncloa: incluso en el caso de la delegación de las competencias en inmigración había letra pequeña, que daba la última palabra al Estado.

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"El PSOE no hace, al PSOE se le obliga a hacer", continúa diciendo a menudo el líder de los republicanos en Madrid, Gabriel Rufián, a pesar de que él no esconde que, en un momento "excepcional" como el actual, su Esquerra debe estar en la trinchera del PSOE combatiendo el auge del PP y Vox. El gobierno español arrastra los pies para cumplir acuerdos suscritos por el PSC —y convalidados cuando procede en la Comisión Bilateral— pero todo saltará por los aires si hay cambio de gobierno en el Estado. Con PP y Vox (o con PP en solitario), los pactos con la Generalitat serán poco más que papel mojado.

Los detalles de la semana

1.
Los presupuestos de Bad Bunny

Con el trabajo hecho, la consellera de Economía se quitó el viernes un gran peso de encima. Los presupuestos ya están en el Parlament y el Govern tiene atados los apoyos necesarios para aprobarlos dentro de unas semanas. Alícia Romero puede respirar tranquila, y este fin de semana lo ha celebrado llevándose a sus hijas al concierto de Bad Bunny en Barcelona. Al final, ERC y Comuns se han comportado bien.

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2.
La línea orbital, a oscuras

ERC y el PSC han resucitado la línea de tren orbital para los presupuestos. Para llegar a ser una realidad en 2040, aún tendrá que pasar por muchos obstáculos y, para que se vayan acostumbrando, la meteorología les dio el lunes el primer susto. En la presentación, en Sant Sadurní d’Anoia, llovía y relampagueaba tanto que era difícil seguir los parlamentos y, tan pronto como acabaron, se fue la luz.