Cómo construir una tupinada general con el 1% de los votos?
La incidencia del voto exterior es tan pequeña que solo se tiene constancia de dos escaños afectados en democracia
BarcelonaLa noche del 23 de julio de 2023 el PP se quedó a 1.749 papeletas del decimoséptimo diputado en Madrid. Al cabo de una semana, lo obtuvo gracias al voto de los madrileños residentes en el extranjero (el PP superó al PSOE por 8.600 votos en este escrutinio). Fue la única incidencia del llamado voto CERA (censo electoral de residentes ausentes), que ahora el PP y Vox criminalizan con la vista puesta en en la supuesta "trampantojería" que Pedro Sánchez prepara para el año que viene.
De hecho, solo hay constancia de dos escaños que el recuento del CERA ha dado la vuelta a las elecciones generales. Además del de Madrid, en las segundas elecciones de 2019, en Vizcaya, el PNV perdió un escaño para volver a beneficiar al PP. Sea como fuere. Ahora los populares se han abonado a la teoría de que la ley de nietos, que permite otorgar la nacionalidad a familiares de exiliados españoles, servirá al PSOE para inflar el censo electoral en su favor. Sin aportar ningún tipo de pruebas, Vox incluso ha llegado a cifrar "entre 10 y 15" los escaños que podrían estar en juego. ¿Tiene alguna base esta teoría?
La Constitución española fija el derecho de los españoles a votar desde el exterior, que se introdujo en la ley electoral en 1985. Al año siguiente, casi 53.000 personas de las 250.000 que lo podrían haber hecho votaron en las elecciones generales. Cuarenta años después, el censo del CERA se eleva hasta los 2,7 millones de personas, a pesar de que poco más de 200.000 votaron en los comicios del 2023. ¿Qué incidencia podría tener la ley de «limpias»? Si las elecciones se convocasen hoy, habría unas 300.000 personas más con derecho de voto de las que había hace tres años. El número puede ir incrementándose en los próximos meses –el gobierno español reconoce que, en total, ha habido un millón de solicitudes y que hay 1,3 millones de personas esperando cita previa–. Pero, ¿cuántos de estos votarían? Y, sobre todo, ¿dónde se contarían los votos?
Un votante menos activo
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el votante CERA es mucho menos participativo que el que reside en el Estado. De forma general, vive más desconectado de la realidad de su país de origen y emitir el voto suele tener más costes, por ejemplo, de desplazamiento hasta el consulado o la embajada –depende de dónde viva, el servicio de correos también puede ser un viacrucis–. En las elecciones españolas de hace tres años, la participación de los residentes en el extranjero no llegó al 10% (en el interior se elevó al 67%). ¿Cómo se traduce esto a la hora de hacer el recuento? El voto CERA solo representó el 0,8% del total en las elecciones. Es decir, el 99,2% de los participantes votaron desde su colegio electoral. De hecho, solo en 12 de las 50 provincias españolas, la incidencia del voto desde el extranjero superó el 1% (Madrid, precisamente, fue una de ellas).
"Las elecciones de masas son imprevisibles: no se puede saber quién será el votante pivotal", explica Marc Guinjoan, profesor de ciencia política de la UAB. Es decir, en 2023 no se podía anticipar que el voto exterior sería decisivo en Madrid. Guinjoan descarta completamente la posibilidad de que un partido pueda saber en qué circunscripción estará en juego el último escaño y todavía más hacer la hipótesis teniendo en cuenta el voto exterior. "Si los partidos anticiparan que habría una circunscripción donde se jugarían las habas, les sería más fácil cambiar el padrón dentro de España de sus militantes", ironiza. Con respecto a la baja participación de los residentes en el extranjero, destaca que todavía es más baja entre los que no han tenido ninguna etapa de socialización en su país de origen. Es decir, las personas que son de nacionalidad española porque sus abuelos lo eran (como las de la ley de nietos), pero que no han residido nunca en el Estado, participan menos que las que han emigrado.
"Teóricamente, son bastantes millones de personas, pero distribuidas de manera muy desigual por provincias", apunta Carol Galais, también profesora en la UAB, para remarcar la baja incidencia que tiene el voto desde el exterior a la hora de cambiar los resultados.
Francia, Alemania, Argentina y el Reino Unido son los países desde los cuales se votó más en 2023. En los tres casos europeos, la media de participación superó el 10%, pero en el caso sudamericano solo fue del 5%. Argentina es el país con más electores CERA potenciales. Superaban los 430.000 en las últimas elecciones, y también es el país donde probablemente se harán más nacionalizaciones con la ley de nietos. El PP y Vox denuncian que el PSOE puede estar intentando inscribir a muchos de estos nuevos españoles (que ya hemos explicado que son los que menos votan) en provincias clave. Pero cuando una persona se inscribe en el censo solo puede hacerlo en el último lugar donde residía en el Estado, en el lugar donde residían sus antepasados o, finalmente, allí donde decida.
Galicia es la comunidad con una mayor parte de su censo fuera de sus fronteras. El 30% de Ourense, por ejemplo, está en el CERA, a pesar de que su participación también es baja (y este es uno de los motivos por los que la participación global en Galicia es de las más bajas del Estado). En los comicios de 2023, por ejemplo, el voto CERA representó el doble que la media estatal, pero, a pesar de ello, su incidencia estuvo por debajo del 2% de los votos totales (en Ourense llegó al 3%). "El voto está muy disperso", insiste Carles Pàmies, profesor de ciencia política de la UNED. "Si alguien quisiera hacer un pucherazo, los funcionarios de la administración exterior tendrían que entrar y en el mejor de los casos, para los que quisieran hacerlo, supondría un 3% o un 1% de los votantes totales en una circunscripción", destaca.
El censo de residentes ausentes se ha ido multiplicando con los años. De los 250.000 de las elecciones de 1986 a los más de 2,7 millones actuales. El año que más personas votaron fue en 2008, cuando lo hicieron 380.000 personas, solo el 1,5% del total de votos que se contabilizaron en aquellos comicios (el recuento no se hace en el país donde se emite el voto sino en las juntas electorales dentro del estado español). "Como que primero se cuentan los votos del interior y después los del exterior, ya se tiene una primera foto fija y parece que los últimos que se cuentan sean votos más decisivos", reflexiona Pàmies, para insistir en la baja relevancia del CERA.
Durante años, fueron precisamente los partidos gallegos los que más se quejaron del voto CERA por las supuestas irregularidades que se detectaban: una bastante común era que alguien votara en nombre de alguien otro, incluso aunque estuviera muerto. Alberto Núñez Feijóo (PP), cuando estaba en la oposición en Galicia, ya había esgrimido el argumento del pucherazo para cargar contra el gobierno del socialista Emilio Pérez Touriño.
Dificultades para votar
Con el argumento de resolver las posibles irregularidades en el CERA, el PSOE y el PP (con el apoyo de CiU y el PNB) cambiaron en 2011 la ley electoral para introducir el voto rogado. Las personas inscritas dejaron de recibir automáticamente la información electoral y se introdujeron pasos intermedios para que fueran ellas las que proactivamente se tuvieran que mover para participar del proceso. Galais, que pasó unos años en Canadá, participó en algunas iniciativas para acabar con el voto rogado, que hizo caer en picado la participación: del 32% de 2008 al 5% de 2011. En 2022 se volvió a cambiar la ley, pero la participación no se ha acabado de despegar y en 2023 se situó alrededor del 10%. "Ni tan solo todo el mundo se ha enterado y ha quedado un poco la inercia de que votar desde fuera es engorroso porque se tienen que hacer trámites", lamenta Galais.
¿Y a quién votan desde el extranjero? Es cierto que inicialmente el PSOE era el gran beneficiado, si bien, como hemos dicho, la incidencia en el reparto de escaños era mínima o nula.
"Las personas que migraban lo hacían habitualmente por motivos económicos y eran más bien de clase trabajadora. Las segundas generaciones acostumbraban, además, a adoptar a menudo los valores políticos de los padres", indica Galais, que apunta que todo esto se ha ido reduciendo con el paso de los años y que hoy el comportamiento del voto exterior es bastante similar al del interior. "Ya no se puede decir que el CERA sea un feudo de votos socialistas", insiste.
En otros países, como por ejemplo Francia, los votantes en el exterior deciden sus propios escaños. Es un sistema en el que sus votos ya no cuentan para ninguna de las circunscripciones habituales, sino que eligen 11 diputados entre los inscritos en el censo de residentes ausentes. "Sería una opción en España, pero entonces el efecto del voto CERA sí que sería más evidente. Sería un efecto limitado, por ejemplo a uno o dos escaños, pero podría ser que a un partido le fuera la mayoría precisamente de este escaño", concluye Pàmies.