Los disidentes israelíes en España: "Allá nos ven como locos"
Miembros del colectivo relatan ostracismo y piden más "contundencia" a Pedro Sánchez
Madrid"Ser antisionista en la sociedad israelí es básicamente como una traición. Te pone en conflicto con los amigos y la familia. Es ir en contra de tu propia identidad. Te ven como un loco". Nadav Finebooch, de nacionalidad israelí, pero residente en Madrid desde 2023, resume así a el ARA la contradicción y el ostracismo que genera ser disidente en Israel y alzar la voz contra el "genocidio" perpetrado por el gobierno de Benjamin Netanyahu. Finebooch, lejos de una comunidad en la que se sentía "como si viviera dentro del libro 1984, de George Orwell", se ha unido a un grupo de israelíes establecidos en España que reclaman a la comunidad internacional que sancione a Israel. Aunque celebran que el gobierno de Pedro Sánchez haya abanderado hasta ahora la oposición a Netanyahu con la guerra de Gaza, le piden que actúe todavía con "más contundencia".
"Pedimos [al presidente español] que corte radicalmente cualquier tipo de relación con Israel, también la cultural, académica, económica y de colaboración en inteligencia, porque entendemos que es la única manera [de provocar un cambio]. Que se vea que [Israel] es un estado paria con un comportamiento absolutamente inaceptable", afirma Naama Farjoun, activista israelí residente en Valencia desde 2008 e impulsora de esta comunidad de una cincuentena de personas. En una conversación con este diario, Farjoun explica que a pesar de que los israelíes que defienden posiciones "antisionistas" estén "en la periferia" y sean "una minoría" –"ni un 1% de la sociedad israelí", según estima la activista–, ya hace unos cuantos años que una parte de los expatriados se mueven para crear redes críticas en el ámbito europeo y mundial, también en colaboración con activistas palestinos.
En Cataluña, diversos israelíes canalizan este activismo a través de la Asociación Catalana de Judíos y Palestinos - JUNTS. Es el caso de Amir Hallel, que vive en Barcelona desde 2023, que concluyó que en Israel ya no había "esperanza" para conseguir "un cambio real". Una vez en el extranjero, sintió un "gran alivio" por poder "hablar más libremente", si bien buena parte de la comunidad israelí en España no comparte su óptica "antisionista". "Hay gente de nuestro colectivo que está en otros grupos de WhatsApp de desplazados israelíes que, a pesar de ser privilegiados, buscan ayudarse, pero es muy difícil convivir. Dicen que no se hable de política o, incluso, te echan si te pronuncias. Yo no lo puedo aguantar", relata Farjoun. En el caso de Hallel, sí que ha intentado acercarse, pero admite que debe ser muy selectivo y ha tenido "diversas confrontaciones".
"He hecho un duelo muy fuerte"
Casi todos los testimonios consultados por el ARA relatan que el hecho de haber salido de Israel ha sido un factor clave en su evolución ideológica. Otra miembro de este grupo, Dori –que prefiere no decir su apellido–, residente en Valencia desde 2017, explica que en 2023, cuando vio la diferencia entre su reacción "al genocidio" y la de su familia, que vive allí, entendió "el adoctrinamiento" que había sufrido antes de marcharse. "Para mí estaba claro que era una masacre muy grande y fue un shock enorme ver que la empatía de personas de tu vida, que en tu cabeza son buenas personas, tiene un límite. Cuando cruzas la línea de los palestinos, ya no hay empatía", relata. El resultado ha sido un proceso interno de pérdida de "conexiones" personales y un "dolor muy fuerte de parte de la identidad de una misma". Farjoun añade que soporta una sensación de "culpa" y tanto Finebooch como Hallel explican que en ciertos momentos han optado por ocultar ante terceros su nacionalidad. "Es como decir que eras alemán durante el Holocausto", reflexionan ambos.
Señalamiento del sionismo
Más allá del aislamiento y los conflictos en el ámbito personal, expresar públicamente la disidencia en algunos casos ha tenido como consecuencia el señalamiento y la difamación a través de las redes sociales y desde altavoces del lobby sionista. Finebooch –que cuando estaba en Israel también fue encarcelado "unas quince veces" por su activismo– explica que fue incluido en una "lista de traidores" de una "fundación que trabaja para Netanyahu" y que miembros relevantes del entorno del primer ministro israelí le acusaron públicamente de ser un "bot iraní" y "expusieron detalles personales" sobre él. "Intentan silenciarte, también con denuncias en los tribunales. Siguen el mismo guión en diferentes países", explica este israelí residente en Madrid.
En España, la asociación Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), con vínculos estrechos con Isabel Díaz Ayuso y Vox, realiza esta tarea de control social. No solo con israelíes, sino también con miembros de la sociedad española y de la comunidad judía local con cierta proyección pública. Ahora bien, Farjoun explica que no se ha sentido un objetivo porque son un grupo que "no tiene poder" ni es "una amenaza real" porque su red no puede competir con la estructura y los recursos del lobby sionista. También deja claro que "Israel es tan racista que a los disidentes judíos se les trata relativamente bien". "No tiene nada que ver con lo que hace con los palestinos", subraya.