Bad Bunny, Anuel AA o Gabriel Rufián

Barcelona"Para mi cumpleaños quiero una figura de Bad Bunny, de Anuel AA o una de Gabriel Rufián". La niña que la pide no podrá votar el 29-N (a ninguno de los tres), porque solo tiene trece años, pero en su instituto no hace falta que dé muchos detalles para que los compañeros de clase de 2º de ESO sepan de quién habla. Dos estrellas mundiales de la música y un político, el que más tirón tiene entre los jóvenes (y no tan jóvenes). Aunque empezó su carrera política en 2015, Rufián vive una segunda juventud en Madrid. Convertido en el líder preferido por los votantes de izquierdas (solo le hace sombra Pedro Sánchez) y en el mejor valorado en las encuestas (en España y en Cataluña) es hoy por hoy el candidato más codiciado: por ERC, por el Frente Amplio y por Podemos. El potencial movilizador de voto de su discurso no lo discute nadie, pero, consolidado como un alma libre, las tensiones dentro de su partido han ido creciendo hasta ser un problema lo suficientemente grande para que se haya puesto en duda su continuidad.

Cargando
No hay anuncios

Rufián se ha convertido en un político profesional. Ya no es el novato que buscaba abrirse camino intentando eclipsar a Joan Tardà –con quien hoy mantiene una relación paternofilial– con discursos apasionados y performances en el hemiciclo. Desde el primer minuto dejó claro que él tendría un rol muy particular, con un discurso más acostumbrado a generar titulares y dirigido directamente al público. A medida que el papel de Esquerra en Madrid se ha ido haciendo relevante para condicionar mayorías, en la sede de la calle Calàbria entendieron que había que controlar más a su portavoz en Madrid. Y él no se lo ha tomado bien, especialmente cuando se le ha relegado a un papel secundario en algunas de las negociaciones relevantes.

En 2019 la dirección situó a Gerard Gómez del Moral en las listas y en los pocos meses que pasaron hasta la repetición electoral quedó claro que no se entenderían. A Teresa Jordà, el partido le pidió que dejara de ejercer de consejera para enviarla a Madrid en 2023. Ahora Rufián quiere que la jerarquía quede clara en el próximo grupo parlamentario, sin contrapoderes. Y este es un punto de fricción difícil de superar, sobre todo cuando ERC percibe que Rufián tiene agenda propia en Madrid y cuando se ha estado paseando de la mano de otros líderes de la izquierda estatal reivindicando un frente unitario –que Esquerra rechazaba–. Incluso cuando su criterio ha pasado por encima de las indicaciones que llegan desde Barcelona, ya sea la obligación de hablar catalán en el Congreso, que estableció la dirección que provisionalmente lideraba Marta Rovira o, más recientemente, el cuestionamiento público de decisiones de Oriol Junqueras.

Cargando
No hay anuncios

Un grupo roto

Los últimos tres años dentro del grupo de ERC en Madrid no han sido fáciles, hasta el punto de que han terminado con ruptura interna. Rufián prácticamente no se relaciona con algunos de los que hasta ahora eran sus compañeros en el grupo parlamentario. Empezando por Jordà, una de las pocas que ha mostrado predisposición a repetir en las listas. Pilar Vallugera y Jordi Salvador, ambos críticos con su portavoz, se han despedido de la primera línea y el independiente Francesc Marc Álvaro se mantiene a la expectativa. Sí que tienen intención de repetir Etna Estrems e Inés Granollers, las dos diputadas más próximas a Rufián, que, además, quiere que haya más gente de su cuerda en la candidatura.

Cargando
No hay anuncios

La dirección republicana quiere retener a su principal activo electoral, aunque trabaje en un plan B que sabe que no tiene el mismo tirón –especialmente si Rufián ficha por la competencia–. Por eso ha intentado minimizar en público los enfrentamientos, aunque internamente la situación fuera complicándose. ¿Hasta dónde puede estirar Rufián la negociación con ERC? Las estrellas, como Bad Bunny, Anuel AA o Gabriel Rufián, tienen sus condiciones.