La unidad soy yo

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Irene Montero, Gabriel Rufián y Ada Colau, en imágenes de archivo
14/10/2026 - 07:04 h
Jefe de Política

BarcelonaProbablemente no hay ningún referente histórico más alejado de lo que quieren representar las izquierdas españolas que Luis XIV. El Rey Sol, el abuelo de Felipe V, es el principal icono del absolutismo, del centralismo y de la falta de respeto por las minorías. Su poder en Francia –y más allá– llegó a ser tan grande que, para definirlo, se le atribuye una frase que seguramente no dijo nunca: "El Estado soy yo".

La identificación de una persona o de un colectivo con una causa, sea un territorio, un club o un espacio ideológico, es más habitual de lo que parece. A Jordi Pujol se le ha criticado a menudo que contribuyera a hacer confundir Cataluña con CiU (su esposa, Marta Ferrusola, se abonó a ello afirmando que la llegada del tripartito a la Generalitat era "como si entran en tu casa y te encuentras los armarios revueltos porque te han robado"). En el Real Madrid actual no queda claro dónde acaba el club y dónde empieza su presidente, Florentino Pérez. Y ahora, a medida que se acercan las elecciones generales, estamos inmersos en saber quién representa de verdad a las izquierdas.

Ada Colau y su Frente Amplio ven la alianza entre Gabriel Rufián e Irene Montero como una especie de apropiación indebida de la unidad de las izquierdas. Sumar, Comuns, Izquierda Unida y Más Madrid llevan meses trabajando en una candidatura que entienden que debía ser el eje central de la unidad electoral a la izquierda del PSOE. Siguiendo a Luis XIV, "la unidad soy yo" podría ser la frase apócrifa para resumir lo que defienden desde un lado del tablero. Pero también desde el otro. "Nosotros haremos equipo con Gabriel [Rufián] y está abierto a que se incorpore quien quiera", ha dicho este martes la candidata in pectore de Podemos. Todo el mundo reivindica la unidad y todo el mundo invita a los otros a sumarse. Pero nadie le reconoce al otro la legitimidad para pedirlo.

Incógnitas razonables

Para ERC era más fácil aceptar un acuerdo con Podemos, que no tiene prácticamente infraestructura en Cataluña, que hacerlo con los Comunes que, de hecho, la superaron en las últimas elecciones al Congreso. Por tanto, Rufián ha conseguido ya el máximo que su partido estaba dispuesto a ofrecerle. Pero él también puede suscribir el eslogan "la unidad soy yo": es con quien la ciudadanía más claramente puede relacionar la voluntad de unir a las izquierdas y quien todavía hoy asegura que está trabajando en una candidatura unitaria incluso en Cataluña, a la que se opone rotundamente Oriol Junqueras. Asumiendo que en Cataluña no será posible y habrá al menos dos papeletas, la de ERC y la de Frente Amplio, ¿qué pasará si antes del viernes Colau y Montero llegan a un acuerdo que hoy parece casi imposible? ¿Hará campaña Rufián a favor de ERC en Cataluña y de Colau en el resto del Estado?

De la reivindicación de la unidad como concepto podría hacer toda una tesis el independentismo. Durante años fue la principal arma arrojadiza entre los partidos. Se llegó a plantear la unidad como objetivo en sí misma, como si llevara asociada automáticamente la consecución de los objetivos. Todo el mundo la reivindicaba y nadie la practicaba. Aquello acabó mal y no parece que el destino a la izquierda del PSOE tenga que ser ahora mucho mejor.

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