Elecciones andaluzas

Éxito y victimismo, la cuadratura del círculo andaluz

Un PP "andalucista" suspira por una nueva mayoría absoluta que ponga al PSOE y a Sánchez contra las cuerdas

hace 0 min

Granada / CórdobaUn cordobés, Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República española (1931-36), es el autor de una de las frases que más bien han definido la naturaleza dual del catalanismo. Don Niceto dijo a Francesc Cambó, en las Cortes, que “no se puede ser al mismo tiempo el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España”. Una frase que se habría podido aplicar también a Lluís Companys, Miquel Roca o Gabriel Rufián. Ser catalanista en Madrid implica una contradicción difícil de gestionar. En cambio, el andalucismo es un sentimiento igualmente intenso pero que combina con la españolidad tan bien como la manzanilla y la gaseosa en la Feria de Abril. Porque Andalucía (que según su Estatuto de Autonomía es una nacionalidad) tiene una identidad irrebatible, incluso exuberante, pero es castellana de origen, y ha contribuido tanto como Castilla a la definición de lo que es español.

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Por eso el actual presidente de la Junta, Juanma Moreno Bonilla, ha podido hacer una campaña electoral de un tono claramente regionalista (incluso patriota) sin miedo a que le comparen con Bolívar. Gracias a Moreno, el PP ha devenido el depositario del sentimiento y de los intereses andaluces ante un gobierno español “enemigo”, pero no por español, sino por socialista, y por venderse el alma a los catalanes, los grandes rivales del Norte, enemigos oportunísimos de Andalucía y de España, que son lo mismo. Este relato, combinado con el progreso relativo de la economía andaluza –sea por méritos propios o por la continua inyección de fondos solidarios de España y de la UE–, hace que el PP de Juanma lo tenga todo de cara para revalidar una victoria amplia, y quizá –si no lo estropea la ley D’Hondt en alguna provincia menor– una nueva mayoría absoluta.Éxito o agravio?

Moreno Bonilla no acusa la contradicción que Alcalá-Zamora atribuía a Cambó, pero incurre en otra contradicción muy flagrante: se ha pasado la campaña diciendo que Andalucía aspira a ser la primera economía de España y al mismo tiempo ha insistido de forma obsesiva en el agravio comparativo con Cataluña. Triunfalismo y victimismo de la mano. En términos de táctica electoral, se entiende: su rival, la socialista María Jesús Montero, es la coautora del acuerdo de financiación autonómica que el PSOE pactó con ERC, y que ha quedado en suspenso justamente para no perjudicar las –bajas– expectativas electorales de los socialistas. Montero se ha esforzado en decir que Andalucía recibe, con el nuevo acuerdo, más dinero que Cataluña; y que el PP no ha presentado ninguna alternativa, a pesar de que el sistema vigente está caducado desde hace más de una década. Pero esta batalla la tiene perdida; el comodín de Cataluña funciona siempre. “Usted ha traicionado a Andalucía. Debería presentarse a las elecciones catalanas”, le dijo Juanma a Montero en el debate electoral de Canal Sur. Lo cierto es que la Junta presume de haber reducido la presión fiscal y se permite caprichos como desgravar la cuota del gimnasio, gracias a su superávit fiscal crónico.

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Basta con pasear unas horas por el centro de Sevilla, Málaga o Granada para darse cuenta del cambio extraordinario que ha hecho Andalucía, y para captar que la sensación general de la población es de autoestima y conciencia de progreso. Otra cosa es que lo atribuyan al PP autonómico y punto; es difícil fijar una fecha de inicio del salto adelante andaluz, pero no hay duda de que la Expo del 92 y la llegada del AVE se consideran hitos históricos.

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En las grandes capitales, el estilo de vida andaluz convive bien –por el momento– con la inmigración y el turismo internacional, y los parques tecnológicos y los equipamientos culturales contrastan con el gracejo y la religiosidad emocional que continúan formando parte del paisaje. A pesar de todo, cuando se sale de los grandes núcleos urbanos el panorama se vuelve más desolado, y se comprueba que junto a la Andalucía turbo hay otra Andalucía vaciada. Pero la región ha dejado de expulsar inmigrantes y ahora acoge; en Granada, el taxista que me recoge en el aeropuerto es nacido en el Prat de Llobregat (y culer). Sus abuelos huyeron de la hambruna, pero él y su familia han vuelto porque en su tierra de origen tienen más calidad de vida y los precios son más asequibles que en Cataluña.Inmigración, antes y ahora

Andalucía es la comunidad autónoma más poblada (8.700.000 habitantes), pero tiene una densidad de 100 habitantes por kilómetro cuadrado; en Cataluña es más del doble (256). La inmigración es el 10%, por un 18% en Cataluña. Pero Vox ha hecho bandera de ello: solo habla de esto, de forma reiterada. Y parece que le servirá para tener la llave de la gobernabilidad si Moreno no llega a los 55 diputados que marcan el límite de la mayoría absoluta.

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En Priego de Córdoba, muy cerca de la casa natal de Alcalá-Zamora, Santiago Abascal clama contra los extranjeros que violan y asesinan. Después se hace fotos con sus adeptos, todos con la pulserita de la bandera española; aun así, no son fachas de postal, sino gente muy normal, familias. Vox es normal. Pero muy cerca de allí, en La Carlota, un pequeño pueblo rodeado de campos de olivos, un campesino jubilado me dice que los jóvenes no aguantan la dureza del campo y que sin inmigrantes no habría cosecha. Este buen hombre recuerda que de pequeño no tenía ni agua corriente ni electricidad. Sus primos se marcharon a Badalona y a Granollers. “Y yo también me habría ido, si hubiera nacido unos años antes –añade–. Pero las cosas mejoraron a partir de los ochenta”.

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Moreno Bonilla teme tener que gobernar con Vox, no quiere que le pase como a sus homólogos de Aragón y Extremadura; las alianzas territoriales del PP con la extrema derecha son su talón de Aquiles y el gran argumento del PSOE. Quizás por eso Juanma intenta apropiarse del andalucismo, apenas habla de política general y ha coincidido muy poco con Feijóo. Justo al contrario que sus rivales socialistas. A pesar del fuerte rechazo que genera la gestión del gobierno español (con un 22% de aprobación, frente al 47% que recibe la Junta), María Jesús Montero no tiene más remedio que apoyarse en Pedro Sánchez.

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El PSOE andaluz, que tiene una fuerte personalidad propia, ve a Marisú como una paracaidista sin familia propia y leal solo a Sánchez. En la cartelería socialista solo se lee, obsesivamente, “Sanidad pública”, porque el gran desliz del gobierno de Moreno fue el cribado de los cánceres de mama que han afectado a miles de pacientes. Por otra parte, Montero misma es médico y fue consejera de Salud en tiempos mejores para su partido. Pero en las afueras de Granada, en un pabellón modesto, el meneo y los chillidos de la exministra, y la música de Fuel Fandango y Estopa a todo volumen, a duras penas pueden ocultar el ambiente tristón del público. “¡Somos más!”, exclama Montero con su acento sevillano. Porque, efectivamente, uno de los grandes enemigos del PSOE es la abstención de unos votantes resignados o acomodados, aquellos que “el domingo se levantarán del sofá”, como dijo con poca gracia la portavoz del partido, Montse Mínguez (que encima es catalana). Hay 10 puntos de diferencia en la participación de las últimas autonómicas y las últimas generales. Son más de 700.000 votos.No a la guerra

El público del mitin socialista en Granada aplaude a Montero pero vibra con Sánchez, que habla sobre todo de parar los pies a PP-Vox (siempre los llama juntos) y de su apuesta por la paz mundial, para poner España “al lado correcto de la historia”. El pabellón grita “¡No a la guerra!” Pero aquí la batalla es otra, y parece que el PSOE la tiene perdida; la noche electoral, Montero fingirá euforia si Juanma pierde la mayoría absoluta, pero lo cierto es que la distancia numérica entre los dos partidos es sideral, y Andalucía es un territorio decisivo para formar mayorías en el conjunto del Estado. Si Montero no llega a los 30 escaños del 2022 (el peor resultado en la historia del PSOE andaluz), Sánchez quedará tocado.

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Solo queda la incógnita de si la izquierda andalucista (Endavant Andalusia) hará el sorpasso a la apresurada coalición entre IU, Sumar y Podemos (Per Andalusia). Si se diera el caso, se repetiría el patrón de otros territorios, donde la izquierda identitaria (BNG, Compromís, Chunta) se impone a la izquierda alternativa española. Una buena excusa para volver a oír los lamentos de Gabriel Rufián por la desunión del espacio a la izquierda del PSOE.

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Y el lunes será otro día, un maravilloso día de primavera, que es cuando Andalucía está más bonita, justo antes de que lleguen las temperaturas tórrridas que siempre recuerdan a los andaluces que el sol es una bendición (la región es líder en energía fotovoltaica y renovables) pero también un aviso permanente del gran reto que supondrá el cambio climático.Seguramente Moreno Bonilla hará una buena siesta, porque la campaña ha sido larga y el candidato tiene insomnio crónico (que combate con un smart-ring en el dedo índice de la mano izquierda). Después, si los resultados son los que espera, le vendrán cuatro años más de presidencia... Y ya hay spin-doctors en Madrid que piensan en él, si Feijóo falla. Un nuevo Bismarck para España, como diría Don Niceto.