Por qué hace falta más dignidad en la política
MadridEstos días hemos entrado en una nueva fase del ciclo electoral en curso. Se trata de una de las ventanas que se abren entre las diversas citas en las urnas, un período que las instituciones y los partidos aprovechan para realizar actos conmemorativos y/o de propaganda. Entre resultado y resultado de los comicios autonómicos estamos teniendo fiestas e iniciativas de todo tipo. Hemos tenido el acto en el que se ha celebrado que la Constitución del 78 haya conseguido situarse como la de más larga vigencia –47 años– superando a la de 1876. Y en paralelo estamos viendo en todas sus versiones las maniobras de calentamiento de motores por parte de las formaciones políticas, tanto en lo que se refiere al corto plazo con respecto a la preparación de las generales.
Éstas se supone que serán en el 2027, como ha vuelto a decir el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, aprovechando para devolverle la pulla a su antecesor Felipe González. Éste había dicho que no votará al PSOE mientras el actual líder socialista sea el cabeza de lista, y el aludido respondió que estaba muy satisfecho de saberlo, y añadió que el expresidente deberá tener paciencia, porque tardará tiempo en volver a apoyar las candidaturas de su partido, dado que el próximo año piensa volver a presentarse.
Este intercambio de expresiones muestra el respeto y la consideración que se tienen mutuamente. No resulta extraño que, como dice el propio Sánchez, el electorado socialista parezca desmotivado y pasivo, en manos de la abstención, cuando el debate entre el dirigente más relevante del PSOE de la Transición y primeros años de vida democrática y su actual sucesor consiste en poner de relieve constantemente la gran distancia política y personal que les separa. Ese agujero en la "línea sucesoria" de los socialistas les duele más de lo que parece. Si a la dificultad que tiene el PSOE para comunicarse con las generaciones más jóvenes se suman los estímulos para que los veteranos se queden en casa cuando haya que votar, van mal.
Si siguen perseverando en este tipo de enfrentamientos, de poco servirán las iniciativas que están surgiendo para tratar de estimular una respuesta articulada del electorado progresista ante las encuestas que pronostican el cambio político a partir del próximo año, de la mano de un gobierno del PP aliado con Vox. A veces, Felipe González debería aplicar lo mejor callar cuando no se puede mejorar el silencio.
El escenario de conjunto de la actualidad ya es suficientemente lamentable para añadir peleas de este tipo. Todo un contraste con el citado acto conmemorativo de los 47 años de vigencia de la Constitución. También hubo la misma contradicción entre la actividad parlamentaria registrada en la última sesión de control, el pasado miércoles, y los discursos pronunciados un día antes en el mismo lugar, en el hemiciclo del Congreso. Allí el rey Felipe VI quiso lanzar de nuevo –ya lo había hecho en su mensaje de Navidad– una exhortación a la concordia. Dijo que el camino recorrido por España en este casi medio siglo ha sido positivo, incluso "brillante", y que "el futuro no lo será menos, siempre que lo sigamos escribiendo juntos". Y al día siguiente lo que constatamos es la radicalidad del debate político, con posiciones que muchas veces no se atienden a los hechos comprobados, sino a la simple voluntad de desgaste del adversario. Éste es el caso, por ejemplo, del que hace referencia a los diversos casos de agresión sexual y violencia de género.
Sánchez cierra filas con Marlaska
En cuanto a la destitución del director adjunto operativo de la Policía Nacional, José Ángel González, denunciado por una subordinada suya por un delito de violación, PP y Vox comparecieron en el Congreso para pedir a gritos la dimisión del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Dieron por hecho que el ministro conocía los hechos relativos a la denuncia, sin aportar ninguna información en la que basar esta afirmación. El episodio es bastante ilustrativo del momento en que se encuentra la política española.
En el Parlamento, griterío sin pruebas, con el presidente ausente, de viaje a la India –una visita importante, sin duda–, y que aprovechó su primera rueda de prensa para reiterar su confianza en Marlaska por haber reaccionado a la denuncia de la víctima de violación cesando de hecho al presunto agresor, aunque le prestó agresor. Mientras no pueda demostrarse que el ministro ocultó el caso no tiene por qué dejar el cargo. Ahora bien, hace demasiado tiempo que Interior es noticia por hechos que, como dice la ministra de Defensa, Margarita Robles, ponen de manifiesto que "desde el punto de vista público, estamos fallando".
Los meses de dudas de la víctima de agresión demuestran que no hay protocolos apropiados para dar seguridad a las mujeres que deciden poner una denuncia. Aparte de eso, el PP, en concreto, debería tener en cuenta la contradicción que supone pedir dimisiones cuando tiene pendiente el caso de la exconcejala de Móstoles que ha actuado judicialmente contra el alcalde de la localidad también por agresión sexual, después de haber acusado a su partido de aconsejarle que guardara silencio para no perjudicarse.
Y a la vez continúan los crímenes que son expresión de violencia de género, y de nuevo añaden menores a la lista de víctimas. En el ámbito político se gastan inútilmente energías para denigrar al adversario, mientras muchos problemas que afectan a personas concretas, las mujeres agredidas, pero que tienen también una dimensión social, esperan actuaciones más efectivas que no llegan. Contamos con una Constitución que, como se dijo el otro día en el Congreso, reconoce y proclama derechos fundamentales, de modo absolutamente principal el derecho a la vida, y, en cambio, en no pocas situaciones y aspectos no sabemos protegerlo y garantizarlo.
La lección de estos días debería ser que necesitamos aprovechar más el tiempo, que la política no puede ser sólo la lucha descarnada por la conquista del poder. Entre elección y elección de ámbito autonómico, deberían pesar más hechos como la dana, los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida, o la prevención de las muertes por violencia de género. Las costuras del país nos fallan a veces estrepitosamente. No me consuela que la corrupción exista en otros sitios. Entre nosotros es necesaria una regeneración moral que aporte más dignidad a la política.