Gobierno

"Cuando emigramos a Tossa parecía que no me había movido del pueblo"

Los vecinos de La Zarza recuerdan en la visita de Illa la gran oleada migratoria extremeña a Cataluña

17/09/2026 - 07:00 h.

La ZarzaA la entrada de La Zarza, un pequeño municipio extremeño de unos 3.000 habitantes, hay mucha Guardia Civil. "Esto no es normal, ¿sabes qué pasa?", pregunta el taxista. Esperan la visita del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, para celebrar allí la Diada Nacional de Cataluña. Todo el municipio está lleno, es el gran acontecimiento y hay bastante expectación. "Hay carteles por todas partes y nos han avisado por los grupos de WhatsApp del Ayuntamiento", explica Amelia, zapatera en Calzados Moreno. Aun así, no se ve ninguna 'senyera' y ondean bastantes banderas españolas: la gran duda es si el presidente catalán –que ha venido en muestra de la fraternidad entre los pueblos del Estado— será bien recibido.

"Hombre, es catalán y con todo esto de la independencia... aunque ahora ya no se habla mucho", contrapone Francisco Cortés, el presidente del hogar para personas mayores. También recuerda que es una cara muy conocida y, a pesar de que no entiende mucho por qué volvió a Cataluña, celebra que ya no se hable mucho del 'Procés'. "La gente sabe que todo esto de la independencia no es culpa suya", añade.

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Preguntados por el modelo de financiación, no están muy enterados y la mayoría de vecinos están orgullosos de que un exministro –no le conocen tanto por ser el presidente de la Generalitat– visite su pequeño pueblo. "Todo el mundo le conoce de cuando era ministro de Sanidad en plena pandemia. Salía todos los días por la tele", recuerda el estanquero y quiosquero Juan Benítez. Y, según Cortés, lo "más importante" es que tenga claro que "Cataluña es España".

Sea como sea, los habitantes de La Zarza aprovechan para reivindicar el vínculo entre su pueblo y Cataluña. "Sentimos a los catalanes como hermanos. Es imposible que te encuentres a alguien que no tenga un pariente en Cataluña o que haya trabajado allí", asegura Sara Arranz, que regenta una tienda de ultramarinos. La oleada migratoria fue de tal magnitud que el propio alcalde del pueblo, el socialista Francisco José Farrona, que nació en Granollers y se fue a vivir a Extremadura con nueve años, ha explicado que una tercera parte de los habitantes del municipio –unos 1.600– se vieron obligados a marcharse durante los años 50 y 60, la gran mayoría de los cuales fueron a parar a Cataluña.

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Muchos de ellos, además, iban a los mismos pueblos o ciudades, como Tossa de Mar, Montmeló o, entre otros, Montgat. "Cuando emigramos y caminaba por Tossa [de Mar], parecía que no había salido del pueblo, estaba lleno de extremeños. Hombre, Pepe, hombre, Juan... te encontrabas y saludabas a todo el mundo de La Zarza", rememora Casimira Toros, quien explica que "incluso se organizaban autobuses" para ir hasta estas localidades a trabajar de temporada.

Con los años, relatan, cada vez vuelven más catalanes de origen extremeño al pueblo, tanto de vacaciones como de manera permanente. "Muchos retornan cuando se jubilan, aunque también hay quienes se han convertido en catalanes catalanes y ya no vienen más", dice el presidente del hogar para la gente mayor.