Lo que le queda pendiente a Ada Colau

BarcelonaEn septiembre de hace dos años Ada Colau ponía punto y seguido a su carrera política institucional. Punto y seguido porque en aquel momento, a pesar de abandonar el consistorio barcelonés un año después de perder la vara de alcaldesa que había tenido en la mano durante ocho años, no cerraba la puerta a volver a presentarse a la reelección en las municipales de 2027. Durante los últimos dos años, y habiendo abandonado formalmente también el liderazgo de Comuns en Cataluña, su rol político ha pasado a un segundo plano: ha liderado la Fundación Sentit Comú, el think tank de Comuns, y lo ha combinado con una incursión en entidades y partidos de la izquierda internacional.

Ahora bien, desde hace unos meses, Ada Colau se ha vuelto a dejar ver en la esfera pública y también mediática. Hace pocas semanas estuvo en la concentración para detener un desahucio en Barcelona y, a raíz del caso de Maricarmen Abascal de Madrid, hizo un vídeo que publicó en Instagram en el que criticaba, por insuficientes, las políticas del gobierno español en vivienda. De hecho, apostaba porque Sumar, el espacio político por el cual hizo campaña en 2023, saliera del ejecutivo si el PSOE no sacaba adelante un decreto para detener los desahucios.

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La presión de su entorno

A diversas personas del espacio de la izquierda del PSOE, aquel vídeo no les gustó, pero también fue percibido como la evidencia de que la exalcaldesa se preparaba para dar el salto al Estado. Y la prueba es que su entorno ha hecho presión política y mediática en las últimas semanas para hacer saber a la opinión pública que Colau estaba dispuesta a dar el paso y liderar la candidatura del nuevo Sumar al Estado. Y lo hacía consciente de que necesitaba vencer los recelos internos de parte de un espacio que es propicio a las batallas internas.

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Colau lo ha conseguido y da ahora el paso que le faltaba. Su nombre no ha sido nunca una opción real, por ejemplo, para liderar a los Comunes en el Parlamento. En cambio, sus perfiles de activista y de alcaldesa de una de las principales ciudades del Estado, Barcelona, han sido desde hace tiempo dos cartas que la hacían potencial líder de este espacio. De hecho, ella misma explicaba en una entrevista a Crític hace dos años que le habían ofrecido ser ministra y también diputada. Su momento no había llegado, pero revelaba lo que más o menos todo el mundo sabía: que su nombre siempre había estado sobre la mesa para tener un papel en el espacio a la izquierda del PSOE.

En Barcelona perdió las elecciones hace tres años y seguramente su nombre ya no es el revulsivo de 2015 –por el desgaste de gobernar–, pero en el resto del Estado todavía es probable que sea capaz de movilizar a un electorado que hasta hace pocas semanas estaba dormido. Y más aún si el 29-N va del derecho a la vivienda.