Pedro Sánchez se quita la corbata
MadridCamisa azul cielo, americana abierta y sin corbata. Pedro Sánchez ha entrado con este look casual en el hemiciclo del Congreso de los Diputados en un día de alta tensión política y judicial en Madrid: a la misma hora José Luis Rodríguez Zapatero llegaba a la Audiencia Nacional para declarar como imputado por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, delito fiscal y contrabando. Ya era suficiente la presión hoy como para tener que ponerse una corbata. Se han añadido sus primeras espadas: Carlos Cuerpo, que había llegado con una azul, y Félix Bolaños, que llevaba una roja.
El argumento oficial era el calor, ya que la capital española se prepara para temperaturas sin precedentes. Pero la estrategia oficiosa es más vieja que andar: en un día en que el debate público giraba en torno a la presunta corrupción que rodea al gobierno español y su debilidad, han añadido un elemento disruptivo y sorprendente para crear un hilo de conversación diferente. No es nuevo: ya lo hizo cuando tuvo que comparecer en el Senado forzado por el PP para hablar de corrupción con unas gafas Christian Dior. Y para qué negarlo: con las corbatas, los periodistas nos hemos entretenido un buen rato a primera hora de la mañana.
Pero más allá de esta primera anécdota, la declaración de Zapatero no ha dado oxígeno al gobierno español. A pesar de que desde el PSOE hacen piña y la Moncloa esperaba esta jornada para quitarse presión de encima, lo cierto es que no ha trascendido un relato político que salve la situación del expresidente español. Ha reiterado que no tuvo nada que ver con el rescate de Plus Ultra, a pesar de los mensajes de la cúpula de la aerolínea que indican lo contrario, y no ha aclarado el origen de las joyas encontradas en su despacho. Lo que sí ha hecho es pedir "confianza" para poder demostrar su "inocencia" porque próximamente dará las "explicaciones oportunas". Es decir, ha pedido más tiempo a su partido. Hay que ver si esto tiene forma de algo más que un comunicado y se somete a una comparecencia de prensa –que sería lo óptimo en términos de transparencia– o como mínimo una entrevista el fin de semana.
Y es que el problema de Zapatero sigue siendo la falta de relato político. No explica por qué tenía joyas por un valor de 1,3 millones de euros en su despacho y pide un acto de fe a su partido. Por eso, la Moncloa está indefensa ante las acusaciones de corrupción a su líder moral. Se ha visto en la sesión de control al Congreso: los ataques del PP se mantienen con la aspiración de que el ejecutivo esté cada vez más desgastado, mientras que buena parte de los socios ya le dan la espalda. Hoy el PNB ha puesto fecha para las elecciones: después de que fracasen los presupuestos que el gobierno español dice que quiere presentar.
Pero lo más excepcional en este contexto es la reacción de Pedro Sánchez: este miércoles ha vuelto a decir que aguantará hasta 2027 –y desde la Moncloa también lo reiteran en privado– y nada por ahora es suficiente para perturbar este rumbo. Y si hay una votación que lo puede poner contra las cuerdas, como la que instaba a convocar comicios, utiliza la mayoría del PSOE y Sumar en la mesa para vetarla. Y, además, se quita la corbata.